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Aledo, la uva de Nochevieja

Mª Carmen González

Imaginar una Nochevieja en España sin las doce uvas que acompañan las campanadas y la llegada del nuevo año es impensable. Las uvas forman parte del ritual que cada uno de nosotros realizamos cuando está a punto de expirar el año viejo para, tomadas con las últimas campanadas (o las primeras del nuevo ejercicio, según se mire), atraer la buena suerte.  ¿Pero cuál es ese tipo de uva que llega en la parra hasta el mes de diciembre?

Son uvas que vienen en su mayoría de la comarca del Medio Vinalopó, en la provincia de Alicante, concretamente de la variedad aledo, que es la más tardía que se recolecta en España. Se dice que dos de cada tres uvas que se tomarán este fin de año en nuestro país provienen del valle del Vinalopó. O dicho de otra manera, prácticamente toda la uva fresca que se consumirá esta Nochevieja en España (exceptuamos aquí la guardada en cámaras y la importada) proviene de esta comarca alicantina.

La uva de la DO Uva de Mesa Embolsada del Vinalopó y dentro de ella, la variedad aledo, que es la que se consume en Nochevieja, tiene una característica muy peculiar, y es que sus racimos se protegen con una bolsa o bolso de papel que se coloca entre los meses de junio y julio. Esta bolsa, realizada con un papel de celulosa virgen, confiere a la uva unas características muy especiales.

Así, retrasa la maduración de la uva unos 30 días, lo que potencia su sabor, y como tamiza los rayos de sol se consigue también un color más uniforme del racimo. Además, la bolsa protege a la uva de las inclemencias del tiempo (lluvia, viento, sol, granizo…), así como de picaduras de insectos o de residuos externos o productos fitosanitarios, con lo que se obtienen granos más sanos, de piel más fina y agradables al paladar.

La variedad aledo presenta un color amarillo cera, un sabor dulce neutro -no tan dulzón como otras variedades-, y un tamaño algo más pequeño que otros tipos, con lo que se facilita su ingesta en momentos de ‘estrés’ gastronómico como son las campanadas. Esta variedad contiene, asimismo, un alto contenido en resveratrol, un antioxidante con amplias propiedades,  según explica la directora de la DO, Beatriz Rocamora.

La uva, que se embolsa en junio/julio y se recoge en noviembre/diciembre, llega a los almacenes con el bolso puesto. Allí, las trabajadoras realizan una selección y, tijera en mano y con sumo cuidado, sanean los racimos, recortando aquellos granos que no alcanzan los estándares de calidad. Y del almacén, al mercado y a nuestras mesas.

Este año, la DO Uva de Mesa Embolsada del Vinalopó tiene inscritos 54 millones de kilogramos, de los que unos 25 millones pertenecen a la variedad aledo. Esta DO, que controla unas 2300 hectáreas de viñedo y contribuye a la creación de unos 13.000 puestos de trabajo, recoge la producción de siete municipios del Vinalopó Medio: Agost, Aspe, NoveldaMonforte del Cid, Hondón de las Nieves, Hondón de los Frailes y La Romana. En esta DO están amparadas siete variedades de uva, toda embolsada, como la Aledo, Ideal, Dominga, Doña María, Rosetti y Victoria en piel clara; y Red Globe, que tiene piel negra.

Tradición 12 uvas y 12 campanadas

La noche de fin de año, cada español tendrá dispuesto su cuenquecito con las doce uvas. Unos las pelarán, otros les quitarán las pepitas, otros las comerán enteras…, pero todos buscarán seguir con una tradición en busca de la buena suerte.

¿Pero de dónde viene esta costumbre tan española? Versiones hay varias, como la de querer dar salida a una cosecha excesiva a principios del siglo XX. Sin embargo, la que puede documentarse históricamente y, por tanto, tiene mayor probabilidad de ser cierta está fechada unos años antes.

Se sabe que en los últimos años del siglo XIX era una costumbre muy extendida en Madrid que las familias acomodadas, influidas por las costumbres francesas de la época, tomaran un lunch de Nochevieja en el que se servían uvas y champagne.

A que esta costumbre se extendiese a todos los estratos sociales de la época, contribuyó, sin saberlo, un bando municipal del entonces alcalde de Madrid, José Abascal, en que se prohibían determinadas prácticas relacionadas con tradiciones navideñas de la Villa. Molestos por dicho bando, los madrileños decidieron ridiculizar la costumbre de la clase alta y congregarse el 31 de diciembre de 1896 en la actual Puerta del Sol para tomar las doce uvas y celebrar ruidosamente la entrada del nuevo año.

El primer documento conocido que deja constancia de la ingesta de uvas en fin de año es un anuncio publicado en el periódico El Imparcial el 29 de diciembre de 1898 en el que los productores promocionan, en la página 4, “Las uvas de la suerte”.

En El Imparcial del 1 de enero de 1902, (pág. 3) también se puede leer otra nota de sociedad que hace mención al “lunch con las acostumbradas uvas de la suerte” en la fiesta de fin de año en el Hotel de los Condes de Romanones.

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