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Alejandro del Toro: un grande de la cocina

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J.A. López
Me hubiese gustado conocerlo antes. Sinceramente creo que me he perdido una etapa del maestro en la que su lucha y empeño por aprender fue titánica. Aun así me siento feliz de poder compartir con él una etapa de superación admirable que le va a dar muchos días de gloria y a mí me permitirá aprender algo más del apasionante mundo de la gastronomía.

Por las venas de Alejandro del Toro corre el fuego de las cocinas, por su cabeza la continua búsqueda de ese algo más que diferencia a un amante nato de la gastronomía y de todo lo que conlleva.

No tuvo un aprendizaje fácil en los tiempos en que pocos maestros estaban dispuestos a enseñarte y más, trucos y modos que les diferenciaban de los demás. Las escuelas de cocina no eran como las de ahora y las cocinas, mucho menos.

El kamikaze que quería ser cocinero tenía que ser muy despierto y leer entre líneas, todo aquello que otros te negaban con la palabra. Las cicatrices de las parrillas eran lo más común y lavar perolas y otros elementos tu trabajo casi diario.

Aun así, el joven Alejandro supo estar junto a quien podía enseñarle y enloquecerle, aún más, en su pasión. No dudó en dedicar las horas que fueran menester ni apagar la luz de su mesa muy tarde a la hora de leer. Llegaba el primero y se marchaba el último. En su cabeza… la continua búsqueda.

Y llegó su momento y supo estar a la altura. Tanto, que llegó a conseguir los mejores premios de la gastronomía y se ganó el respeto de propios y extraños. También llegó el momento en que se empeñó en demostrar que el premio lo gana un cocinero por lo que pone en los platos y en la forma de hacerlo, no por lo que le rodea.

Este Gran Alejandro grande en tamaño para albergar un corazón enorme y grande en amistad, corazón, entrega, humildad y también maestro en hacer amigos está en una nueva etapa creativa que vale la pena conocer. Está descubriendo y apoyando nuevas formas de satisfacer a sus clientes y a fe que lo consigue.

Por todo ello y porque su futuro nos permitirá compartir su sabiduría que nos perdimos en el pasado. Por su saber hacer y por ser como es, que ya es un triunfo, ALEJANDRO DEL TORO se merece el título de AMIGO ENTRAÑABLE.

Y es amigo, de verdad.

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