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Axel Pitarch nos descubre una joya enológica: Torres Reserva Real 1998 – D.O. Penedés

Axel Pitarch Llorens (Sumiller Plaerdemavida)
Nos vestimos de gala para hablar de una bodega que no necesita presentación. Bodegas Torres. Y lo hacemos gracias a una joya enológica, una botella histórica, una de las primeras añadas de este Reserva Real de Torres. Concretamente la 1998, la segunda de su historia. Una historia aún corta, pero en cuyos inicios se asentaron unas bases con tintes históricos que auguran, sin duda, un futuro de leyenda. Contará la leyenda que allá por el año 1995, cuando Bodegas Torres celebraba el 125 aniversario de su nacimiento, recibió la visita del Rey Juan Carlos I, al cual gustó especialmente un vino elaborado a partir de cepas de cabernet sauvignon, merlot y cabernet franc plantadas en un suelo de licorellas, en el alto Penedés. Fue a raíz de ese hecho que Bodegas Torres decidiera embotellar ese vino como Reserva Real, siendo la 1997 la primera añada en el mercado, en homenaje a la citada visita del monarca y como una clara declaración de intenciones a la hora de elaborar un gran vino.

La botella nº 5983 de Reserva Real 1998 se ha mostrado como un gran vino ya desde el principio. De color rojo picota, en la copa no da muestras de cansancio pese a tratarse de un vino de casi 20 años de edad, y enseña un ribete ligeramente granate con reminiscencias fucsia, sonrosadas, sin llegar a la paleta de los naranjas. Una capa que se podría considerar alta y una lágrima transparente que al agitar el vino cae lentamente por el borde de la copa, terminan por completar una fase visual que pide a gritos llevarse el vino a la nariz.

Una compleja nariz, muy pulida por los años, domada. El vino se muestra expresivo, vivo y fresco y con un fondo de fruta más bien negra y nada golosa, siempre por detrás de una nota piracínica llevada al extremo, fiel a sus variedades, y de cedro viejo, fiel a su crianza. No temamos ante dichas piracinas, esa nota de pimiento verde propia de las variedades cabernetáceas que componen este vino, que tienen mala prensa, pero bien trabajadas son sublimes. De una parte; pimiento verde muy maduro y deshidratado y una nota de talco que sube como polvo y permanece en las fosas nasales durante unos instantes, algo balsámico, suavemente picante, como un chile seco. De otra; cedro viejo y hoja de tabaco que recuerdan a caja de puros, un poco de cuero negro y limpio, extremo pero impecable, y un punto amielado.

En boca entra amable y tiene un paso algo carnoso y muy elegante. Pese a haberse afinado en botella todos estos años sigue teniendo materia sólida suficiente para mostrarse así. Está muy equilibrado y resulta agradable, fresco e integrado, con un tanino muy pulido y un tacto sedoso. Sus notas de fruta y de madera se encuentran cohesionadas y una nota de grafito o pólvora deja un ligero tacto picante que también aporta su toque de frescura. Sin duda el vino se encuentra en un momento fantástico de consumo, con todos sus atributos en perfecta armonía, todo confluye en un punto, todo cobra sentido. Al tragarlo permanece toda su paleta aromática en un postgusto largo. Los chiles secos, la fruta negra y fresca, el cedro, el talco y la pólvora vuelven una vez tragado el líquido, en forma de partículas aromáticas en el aire espirado. Al final se confirma una vez más como el gran vino que es. Al cabo de un tiempo abierto, cuando otros vinos viejos se oxidan aceleradamente y caen, Reserva Real 1998 se mantiene vivo y fresco, como sólo los grandes vinos hacen.

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