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Déjate seducir por el mundo del vino

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Dejen paso, por favor

José Antonio López
Y entrando en la última semana de agosto, nos hemos dado cuenta de que nada ha cambiado excepto la peña.

Escribo estas líneas desde Alicante, desde la Playa del Postiguet donde, desde primerísimas horas de la mañana, un gran grupo de personas toma posesión de la playa con sus sombrillas, hamacas, sillas, cubito y pala. No pueden ni imaginarse las “construcciones” que se hacen para delimitar una “parcela” de la del vecino y que, los que vamos por libre, no nos atrevemos a pisar por no recibir las iras de los arquitectos.

Sortee, si puede, las construcciones e intente andar por la orilla de la playa. Una marea humana va de izquierda a derecha con un ritmo frenético como si el mundo se acabara mañana. Sí, es bueno andar por la playa pero no con tanta pasión que, los que no quieren andar, se ven obligados a hacerlo porque los peripatéticos se los llevan por delante. Sin miramientos.

Otra de las opciones es saltar a la tercera fila, pero, amigos, aquí las plantas de los pies se ponen como San Lorenzo y es mejor dejarlo para otra ocasión.

Dispuestos a pasear nos dirigimos al paseo marítimo y aquí, amigos, puede elegir por quién y cómo ser atropellado. Montón de personas empeñadas en correr, cada una a su ritmo, y pendientes de unos aparatos que se ponen en el brazo y que, por lo visto, hay que mirar cada minuto. Monopatines que se deslizan esquivando obstáculos humanos. Bicicletas que marcan, a ritmo de pedaleo, las calorías que debes quemar.

El resto de benditos, sorteando a unos y a otros y rezando para llegar sano a casa.

Pero qué manía les ha dado a todos por correr en vacaciones. Se pasan todo el año sacando la lengua con las prisas en el trabajo y cuando vienen de vacaciones no cambian. Sí, ya se que no es lo mismo, pero los que paseamos, sin prisas, pedimos y reivindicamos nuestro derecho a que dejen paso, por favor.

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