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Déjate seducir por el mundo del vino

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La tierra de los dioses

Un mar de viñas. Bodegas. Pueblos, aldeas, caseríos. Atravesamos el altiplano Utiel-Requena. Territorio Bobal. Y tras dejar atrás la Venta del Moro, un poco antes de superar la Sierra del Rubial, nada hace presagiar qué nos espera del otro lado.

Texto: Rubén López Morán Fotografía: Fernando Murad
<<MOPT no mates las Hoces>>; <<Hoces sí, autovía no>>. Corría el año 1991 y los puentes de la carretera de Madrid a Valencia se llenaban de grafitis en el tramo comprendido entre Minglanilla y Caudete de las Fuentes. Ese año muchos supimos de su existencia. Entre los que me incluyo tras la ventanilla de un Auto-Res. También algunos denunciaron un progreso que prefería llegar 5 minutos antes a una horrenda estación de autobuses que salvaguardar una belleza labrada por el agua durante más de 100 millones de años.

Por fortuna aquella batalla la ganó la sensatez. Y la Alternativa C de la Autovía Madrid-Valencia fue desechada y se optó por la que hoy corre paralela a la antigua Nacional III y que salva el río Cabriel por el Embalse de Contreras, dejando tranquilas las Hoces y sus inquilinos. Entiéndase por inquilinos la vida que tiene en sus paredones calcáreos, sus bosques y el río, su espacio vital. Un espacio que del lado de Castilla la Mancha fue declarado Reserva Natural en 1995; y del lado de la Comunidad Valenciana, Parque Natural diez años más tarde. Dos pasos que incubaron la idea que ha prosperado de un tiempo a esta parte: declarar el Valle del Cabriel Reserva de la Biosfera en 2018. Su aval: el último gran río mediterráneo mejor conservado del sudeste europeo.

Hay que asomarse
Para conocer las Hoces del Cabriel sin embargo hay que ir a buscarlas porque estas no se encuentran al alcance de un palo selfie. No existen cómodos miradores junto a las grandes arterias de comunicación. No atienden a la postal fácil, porque este paisaje no se eleva como una soberbia montaña en el horizonte. Su genuina belleza se encuentra en un interior al que “hay que asomarse en lugar de levantar la vista”, como advertía acertadamente en su momento el naturalista Joaquín Araujo.

En efecto el que dé con ellas disfrutará de una panorámica cenital, a vista de pájaro, porque un vacío encajonado entre paredes de 100 metros de caída se abrirá bajo sus pies. Momento en que la mirada caerá desmayada siguiendo unas aguas de “fresca transparencia” que cabrillean en su lecho. Un lecho que nos está vedado, salvo que uno se aventure en una balsa neumática. O acceda por caminos que sólo conocen algunos vecinos de la Venta del Moro o Villagordo del Cabriel si se aproximan por la orilla levantina.

En realidad el viajero no sabe de la misa la media. Sólo sabe que es feliz allí donde se conservan, en palabras de Araujo, “porciones de sosiego”. Un campo tachonado de amapolas; piedras que saltan como ranas sobre la tirante piel del río; puestas de sol de encendidas mejillas adolescentes ante su primer amor. Una tierra donde la brisa se cuece con tomillo y ajedrea. Y las noches se abrigan de una negra capa cubierta de limaduras de plata.

 

De Paraísos e Infiernos
Ahora bien no hay que llamarse a engaño. Estas tierras no están hechas para los espíritus pusilánimes. Porque igual que ampara paraísos de paz y libertad, alberga infiernos de soledad y olvido. La vida nunca fue fácil para la gente del río. Ni para los rianos, nacidos en Casas del Río; ni para los riacheros, de la Venta del Moro. Y mucho menos para los pobladores de los caseríos y las pequeñas aldeas que salpicaban su curso.

En el valle de Fonseca el río se da un respiro. Sus márgenes se ensanchan. Sus aguas conversan plácidamente sobre un cauce guijarroso. Las alomadas se forran de idílicos bosques de pino carrasco mientras los campos de viñas y almendros beben a su orilla. Cierra su extremo noroeste la portada sur de Los Cuchillos que se levanta como una catedral gótica. Y a sus pies, lo que queda de la aldea de Fonseca que como un agotado peregrino se derrumba ante su vertical indolencia.

Solo se mantiene en pie las cuatro paredes de la ermita. Conservando aún su altar exento, el púlpito, y su policromía estilo imperio propio del siglo XIX. Un espacio de culto que no sólo acogía a los 70 aldeanos que cuidaban de los campos aledaños, de los molinos y la fábrica de luz que aquí se construyó, sino para dar consuelo espiritual a los gancheros antes de acometer el tramo más peligroso del río: las Hoces del Cabriel conduciendo las maderadas hasta Alcira.

 

El Olimpo de los Dioses
El Rabo de la Sartén, la Hoz de Vicente, el Purgatorio, una sucesión de curvas y contracurvas que asemeja un colosal y antediluviano ofidio que se deslizara penosamente entre ciclópeas paredes de caliza. El cielo pertenece al vuelo majestuoso del águila real; la roca, al perfil ibérico de la cabra montesa; el agua, a la colonia de nutrias que juega entre los carrizos y los enormes bloques de piedra desprendidos de los farallones rocosos. Un río que en primavera se entolda de un bosque de galería vestido de un verde encendido; y en otoño, de unos amarillos expresionistas.

Si la frase del arquitecto catalán Gaudí desvela una certeza, que “la curva es la línea de los dioses”, las Hoces son su Olimpo. Un Olimpo fronterizo a escala humana. Del lado del viajero, la Comunidad Valenciana; del otro, Castilla-La Mancha. Aunque el viajero sabe, porque se lo ha confesado el Brujo de las Hoces, que aún pervive en un rupestre abrigo de la Hoz de Vicente, que es una oposición artificial y escasa de juicio. Los hombres que lleguen hasta aquí sólo tendrán que entregarse al asombro infantil de lo espontáneo. De lo ininterrumpido, porque ante ellos se les ofrece una obra de arte eternamente inacabada, porque es fruto del idilio del agua, la tierra, el aire y el silencio infinito.

 


El Tollo de la Peña Azul

A la salida del valle de Fonseca, antes de enfilar las Hoces propiamente dichas, las aguas del río Cabriel se amansan en una azud natural. Es el lugar de baño preferido por algunos ventamorinos. Se le conoce como el tollo de Peña Azul. No muy lejos de este recodo, Nacho Latorre, cronista oficial del pueblo, localiza el puente de piedra más antiguo del Cabriel. Probablemente de época árabe. Aún se pueden apreciar en las angosturas del río los arranques del mismo. Varios kilómetros río abajo se emplaza el puente por excelencia del río Cabriel: Vadocañas. Construido en 1570, bajo el reinado de Felipe II, sigue el modelo de lomo de asno y fábrica de sillar. El bosque de galería que escolta las orillas del río, y el reflejo del puente sobre sus transparentes aguas, dibuja un escenario de serena e incomparable belleza.

 

La Noria de Casas del Río
Sin ningún género de dudas es uno de los hitos del río Cabriel: la Noria de Casas del Río. La única en su género en la provincia de Valencia. Y en uso todavía. Sus cangilones son capaces de extraer 1.500 litros por minuto. Está hecha de iroko, una madera originaria del centro y este de África. Muy resistente y que se utiliza para la construcción de embarcaciones. Su eje es de hierro fundido. Haciendo un diámetro de 9,6 metros. Su función es proporcionar agua de riego a la aldea. Estos son los datos que recoge el panel explicativo. La sorpresa infantil en cambio sólo se refleja en la cortina de agua que cae entre los 40 radios de la rueda. De visita obligada. Además, al otro lado del río, hay un espacio recreativo muy agradable donde dar cumplida cuenta un Bollo de Requena acompañado de un Pasiego Bobal. Un plan perfecto para un fin de semana cualquiera. Y si el calor aprieta uno se puede dar un chapuzón en las frescas aguas del río Cabriel. Que están a un paso. Literal.

Dónde comer
Comer de menú en el Yantar de la Venta del Moro. Un menú apto para todos los paladares. Para los menos educados y los más exquisitos. Un restaurante familiar que tiene en su cocinero Carlos Cervera una garantía de saber hacer y honestidad. Atendiendo a la perfección a su lugar en el mundo. Entre el Mediterráneo y la meseta castellana. De ahí que sus platos se nutran de lo que ofrece el kilómetro cero, pero también de su inmediato alrededor. Una minuta que mira hacia La Mancha con sus excelentes Ajoarriero, Migas de pastor y Gazpacho Manchego. Que refleja el Cabriel en sus platos cinegéticos como las calderetas de jabalí y ciervo. Y suma a todo ello la influencia mediterránea, que no sólo se traduce en sensuales ensaladas y melosos arroces, sino en el aire de fusión que envuelve todos los platos. Unos platos imaginativos y generosos en sabor y cantidad. Contando además con una carta de vinos que es pura geografía de Territorio Bobal. Carlos Cervera atiende el restaurante los fines de semana. Entretanto dirige la cocina del VIVOOD Hotel Paisaje situado en el valle de Guadalest.

Cómo llegar
Autovía A3 de Madrid hasta la Salida 266 Venta del Moro. Desde la Venta hasta la Fuente de la Oliva por la CV-468 dirección Casas de Moya (CV-455); sin atravesar esta población, nos dirigiremos, por la derecha, hacia el Trochar, Vadocañas y Río Cabriel. A partir de aquí circularemos durante cinco kilómetros por una pista forestal que desemboca en el párking de la Fuente de la Oliva. A escasos metros una pista forestal conduce al Mirador de Fonseca, Rabo de la Sartén y Hoz de Vicente.

 

DATOS DE INTERÉS
Centro de Interpretación Parque Natural Hoces del Cabriel mail hoces_cabriel@gva.es T.962185044 C/Sindicato Agrícola, 29 Venta del Moro
Territorio Bobal http://territoriobobal.tierradelvino.es/
Ruta del Vino Utiel-Requena www.rutavino.com mail info@rutavino.com
El Yantar Restaurante http://restauranteelyantar.com
Ayuntamiento Venta del Moro www.ventadelmoro.es
AiguaRoca deportes de Aventura www.aiguaroca.com T. 649047282
AvenSport www.avensport.com mail avensport@avensport.com T. 659388183
Kalahari Aventuras www.kalahariaventuras.com T. 606414985
Ruting www.ruting.es T. 620264263

2 comentarios en La tierra de los dioses

Nacho Latorre el 17 Junio, 2017 a las 12:01 pm:

Gran artículo que ha sabido captar el espíritu de la zona. Enhorabuena.

Luisfran López el 17 Junio, 2017 a las 12:35 pm:

Extraordinario artículo que describe con mucha verdad y mucho cariño una parte muy importante del territorio bobal que es un auténtico tesoro. Gracias Rubén por plasmar en papel de forma tan sencilla y, a la vez, tan trabajada, las sensaciones vividas, algo que es muy difícil conseguir. Y a Fernando por las magníficas fotos que ilustran lo que pudisteis vivir en persona.
“Cuando el Cabriel te llama, es imposible decirle que no”
Gracias de corazón!!!!!!!

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