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Déjate seducir por el mundo del vino

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Carmen (La Granja). Supo mandar sobre 19.000 pollos

J.L.

Hay tesoros que no se pueden ni se deben guardar. He ido a visitar a Adolfo, ese “mostruo” de los arroces que sabe más que las espigas y ha sido capaz de darnos la satisfacción de probar más de sesenta (de momento) arroces.

He estado en La Granja, en Sueca, y entre todo lo bueno que ofrece el restaurante me he quedado con una persona sencilla que ocupa una silla más a la hora de comer con el personal. Es el tiempo de preparar la batalla.

Se llama Carmen Vera. Es la madre de de Adolfo.

Me admira. Un peinado perfectamente cuidado. Una “bata de faena” que le permite moverse sin problemas. Un perfilado de ojos que se enmarcan con unas gafas elegidas para engrandecer, aún más, una mirada que te llega al fondo.

Una verdadera y auténtica dama que corona su presencia con ese sutil aroma de un perfume no definido y que se confunde con la propia naturaleza. Donde vive, donde la disfruta.

Anda de aquí para allá. Despacio, que ha tenido unos pequeños problemas de salud y no quiere preocupar a la familia y mucho menos a su hija, que se “enfadará” si la ve “trabajando” en el restaurante tan suyo como de sus hijos.

En La Granja que antes fue criadero de pollos y que le permitió dominar a más de 19.000 de estos animalitos. En un hogar donde compartió trabajo y amor con su eterno Adolfo, con quien escribió su historia durante 54 años y que ahora, ya lejana su presencia, besa cada día que amanece y cada noche que oscurece.

Carmen que seca las cucharillas como nadie, que anda con lentitud por la edad, que te mira y derrite por la cantidad de amor acumulada.

Carmen es, una vez más, un ejemplo de madre cocinera a la que no podemos ni debemos quitar de los fogones. Que tiene que tener un sitio de privilegio para que todos podamos gozar de sus historias, de sus alegrías y de su vida. Que las personas como Carmen, no comparten tristezas. Las guardan para sí mismas y las llevan con la gallardía de las señoras.

Carmen Vera eres nuestra AMIGA ENTRAÑABLE y además, con su generosidad, enviamos un beso a todas las jóvenes de 82 años que siguen pensando que la vida está para disfrutarla. Llevando tus recuerdos. Siendo tú, cada día. Amando y entregando lo mejor de cada una, como madre, sin pedir nada a cambio.

Eso, Carmen, se llama amor.

Y yo, te quiero.

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