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El Miracle de Nazir e Hiba

11 octubre, 2018

David Blay Tapia
La sociedad española (y muchas otras del mundo occidental y mal llamado civilizado) vive anestesiada por el exceso de información. Ya ocurría en los años 70 con la irrupción de la televisión, que complementaba a la radio y los periódicos y ofrecía una sobreexposición que invitaba a relativizar lo que pasaba más allá de tu puerta. Y ni qué decir tiene que internet, en la actualidad, nos obliga a desconectar de los millones de impactos que recibimos al año si queremos centrarnos en tener una vida propia.

Podríamos gritar y abanderar cualquier causa lejana, como hacen muchísimas personas que prefieren (aun desde su comodidad vital) ayudar a otros. Pero en el infinito de voces que nos inundan tendríamos mayor o menor impacto y, como suele ocurrir, acabaríamos perdiendo la fuerza. Por eso se suele decir que es mejor ayudar a quien tienes cerca. Y que lo derivado de esta acción supone más incidencia que mirar hacia miles de kilómetros adentro.

De Siria conocemos la guerra. Puede que algunas personas sepan algo más, o incluso hayan estado allí antes de que en 2011 cambiara todo. Pero no somos conscientes de dos cosas: es un país mediterráneo, como nosotros. Y, sobre todo, su vida prebélica (en palabras de sus propios ciudadanos) era incluso mejor de la que hoy se puede disfrutar en Valencia.

Hiba es farmacéutica y Nazir especialista en recursos humanos. Ambos superan por poco los treinta, lo que les convertía en veinteañeros cuando vivieron el estallido en su tierra. Se conocieron en unas jornadas católicas en Alicante, retornaron a sus orígenes y se casaron. Pero eran conscientes de que debían salir de allí más pronto que tarde.

Ambos, en distintos momentos, lo consiguieron. Y junto a la familia de él se instalaron en la capital del Turia, nostálgicos del que había sido su hogar desde que nacieron pero al menos consolados por encontrar un territorio parecido en temperatura, calor de la gente y calidad de vida.

Es en esta parte cuando entra la gastronomía en escena, si bien ninguno de los dos se ubica en los fogones de El Miracle, en plena Plaza del Cedro. Un local que ya luce su sello en forma de mosaico y mantiene aquello que lo hace especial: se trata de uno de los pocos (si no el único) que dispone de dos cocinas diferenciadas. En una se cocina como siempre. En la otra, toda la carta (porque hay una especial) para la comida sin gluten.

Cada vez más se detecta la celiaquía o incluso la intolerancia al gluten. Pero hay demasiada gente que no puede arriesgarse a visitar lugares que dicen que disponen de productos para ellos. Entre otras cosas, porque por mucho que limpies las planchas o las sartenes siempre pueden quedar trazas. Y, para algunos, incluso estos mínimos resquicios son fuente potencial de problemas estomacales o incluso de hospitalización.

Pero no solo este hecho está haciendo correr la voz. Sus patés vegetales, su falafel, sus crepes, su brownie y sobre todo su precio y amabilidad en el servicio impiden ir los fines de semana si no reservas con antelación. También su mano con las especias, que añaden sabor pero desmitifican que la comida árabe no guste a los europeos. E incluso su apuesta por platos veganos. Convirtiendo en un milagro la segunda vida de Nazir e Hiba. Y haciéndoles sonreír de nuevo, aunque su mirada se ensombrezca cuando recuerdan lo felices que eran en su juventud en casa.

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