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El vino en el Valle de la Orotava; historia y desarrollo

4 septiembre, 2018

DO Valle de la Orotava
La evolución del vino va ligada directamente a del hombre. Y de las distintas culturas que han ido sucediendo unas a otras a lo largo de los tiempos en las Islas Canarias.

El origen del vino, con la plantación de viñedos, está constatado desde el 6.000 antes de Cristo. Tres mil años después, ya en la Edad de Bronce, se corrobora que el vino era una bebida como tal. Los restos arqueológicos de Súmer, cerca de Mesopotamia, nos confirman que estamos ante una bebida que lleva acompañándonos desde hace más de 30 siglos. Fue la civilización egipcia la que comenzó a darle forma a su creación de una manera que hemos seguido imitando hasta la fecha. En esa época, el mosto se maduraba en vasijas de barro y luego se iba almacenando en ánforas. A mayor tiempo envasado, mayor calidad.

Es en la Grecia clásica donde el vino comienza a evolucionar más. Las ánforas crecen en tamaño, se asocia el consumo de vino a las festividades y se observa cómo el clima, la temperatura y la forma de crianza le da a cada cosecha un sabor distinto. Y ya en el Imperio Romano fue, de forma definitiva, cuando se instauraron las fechas de siembra y de vendimia. Es sorprendente cómo Plinio El Viejo, en su ‘Historia Natural’ habla ya de injertos y de experimentos con distintos tipos de uva para lograr los mejores resultados.

A las costumbres de los romanos en el origen del vino contribuyeron los visigodos, que extendieron el cultivo de la vida a países como Francia y Alemania. Progresivamente, se fue extendiendo por España, convirtiéndose en uno de los pilares de nuestra cultura.

El origen del vino en Canarias: los primeros viñedos de las islas
La llegada del vino a las islas se remonta a 1541, cuando el portugués Fernando de Castro y su hijo plantaron la primera viña de Canarias, en la Hacienda Los Príncipes, en Los Realejos, uno de los tres municipios que conforman la Denominación de Origen Valle de la Orotava. Gracias a las peculiaridades del terreno, y al microclima existente en la zona, fue posible disfrutar de dos vinos únicos en el mundo: primero el Malvasía y posteriormente el Vidueño. Vinos que fueron exportados a Europa y América donde eran muy apreciados.

La antigüedad de las cepas, el mimo de los viticultores zona para lograr los mejores resultados y un estudio intenso sobre la cultura del vino son aspectos inseparables de este mágico valle en el que el vino es protagonista por derecho propio. En cada copa se pueden paladear todos esos matices que las distintas civilizaciones han ido dejando en el vino. No en vano, estas delicias embotelladas bien pueden servir para hacer un viaje a la inversa que te va a ayudar a recorrer la historia y saber cuál ha sido la pincelada de sabor que ha dejado cada país y cada cultura por la que ha pasado el vino que estés degustando. El origen del vino es, por lo tanto, el de la propia Humanidad, que nunca dejó de experimentar con distintas opciones hasta dar con la clave de la perfección.

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