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Déjate seducir por el mundo del vino

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Esos desconocidos: Manel Guasp

26 enero, 2019

Eli Bravo

Cada vez más gente, en especial la gente joven, se acerca al mundo del vino, lo que repercute en un merecido reconocimiento a la figura del sumiller. También el mundo de la cocina ha cambiado, l@s chefs han ganado gran peso y se reconoce su labor activamente. Por fin se entiende (o se empieza a entender, aún queda mucho camino por recorrer) que figuras como el jefe de sala, y el bartender, son necesarias para ofrecer una experiencia completa y placentera al cliente.

Sin embargo hay un profesional que pasa de largo en cuanto a reconocimientos se trata,  pese a ser el encargado de acercar la bodega al hostelero. Es el que se recorre las calles, haciendo cientos de kilómetros a la semana, el que siempre ha de tener una sonrisa; aquél que secunda las ideas del sumiller y ayuda a organizar catas y cenas maridajes; el que deja muestras de productos nuevos para que el cliente esté siempre al día; esa persona a la que se llama en fines de semana o a las tantas para decirle “me he quedado sin género” (y que siempre sale al rescate). Sí, esa persona no es otra que el comercial. 

No hay ninguna empresa que pueda crecer sin vender. Vendes servicios, vendes productos, vendes tu tiempo, tus conocimientos, pero toda empresa necesita vender, aún así, la figura del comercial  está asociada con el “vendehumo”, con esa persona que va de puerta en puerta vendiendo un producto a gente que no conoce de nada y para ello se vale de toda clase de artimañas, déjame darte esta opinión personal: nada más lejos de la realidad (al menos hoy en día). Llevo casi un año trabajando como Brand Ambassador de Bodegas Vegamar, y aunque es una gran empresa, sigue manteniendo ese carácter cálido de negocio familiar, en el que todos se apoyan e incentivan, y en donde todos son comerciales; así que a mí también me tocó mi parte de salir a vender, y me quedó claro que aunque tiene mucha razón Vicente Coll, fundador de Bodegas Vegamar cuando me dijo: “Eli, todo aquello que se hace con esfuerzo al final da resultado”, he de reconocer que para ser comercial hay que tener unas habilidades especiales, mucho don de gentes, perseverancia y perder el miedo al no. 

José Galindo, jefe de ventas de Valencia de Bodegas Vegamar, me dijo en mi primer día: “nunca mientas, y promete solo lo que puedas cumplir”, acompañé durante  semanas a todos los comerciales de la bodega y aprendí que todos siguen un patrón: Verdad, tenacidad y amabilidad.

 

Valencia está llena de comerciales a los que no se les reconoce su labor, que nunca salen en los medios, pero siempre están al pie del cañón, por eso empiezo la primera entrega de unas entrevistas a  estos profesionales  que son el alma de su empresa,  que te venden con sinceridad, sin trampa, sin trucos, intentando ayudar siempre y haciendo que el sumiller y todo el restaurante, quede bien y ofrezca el mejor producto a sus clientes.

Hoy quiero que conozcas un poco más de Manel Guasp de DV Sebastián. 

Manel Guasp  comenzó hace  más de veinte años trabajando en el Círculo de Lectores en Valencia, donde recibió mucha formación comercial. Más tarde se cambió al sector de la perfumería donde estuvo unos diez años, y harto de las multinacionales decidió comenzar en el mundo del vino en 2009 con Pago de Tharsys a los cuales les está muy agradecido.

Lo primero que quise preguntarle fue si había hecho puerta fría, “Si claro, todos los días cuando entras a conocer a un cliente nuevo es puerta fría y todavía siento algunas cosquillas en el estomago cada vez que esto ocurre, me resulta gracioso después de tantos años”.

¿Qué es lo más raro que te ha pasado siendo comercial?, le espeto. “Al final con tantas experiencias que tenemos los comerciales, lo que a la gente le puede resultar raro se puede convertir en no tan raro cuando comentas con otros compañeros las anécdotas. Alguna vez al entrar a puerta fría me han recibido a gritos e insultos y otra vejaciones, lo normal es que te des la vuelta y te marches, pero creo que será quizá por llevar la contraria me quedo a ver quién puede más en ese pulso mental, y casi siempre termina siendo buen cliente”.

Al preguntarle si siente que se reconoce poco su trabajo, responde: “Habitualmente así es. Los comerciales somos los encargados de hacer llegar el combustible para que se mueva la empresa y por desgracia muchas empresas no se dan cuenta que sus comerciales en primer lugar necesitan formación, tener un líder y no un jefe déspota, necesitan motivación, y sin duda, una buena remuneración económica, por desgracia esto no suele ser muy habitual”. Por otra parte “al haber llevado equipos comerciales también he visto que hay muchos compañeros que intentan hacer el mínimo esfuerzo posible”.

Manel no para. Está a gusto y se nota. “Ahora mismo trabajando junto con Toni, José y Sagra Sebastián, me siento muy afortunado, me hacen sentir parte importante de la empresa y casi como de la familia, todo esto se trasmite a las bodegas con las que trabajamos y a nuestros clientes”, añade. 

En cuanto a la relación entre comercial y sumiller, Manel cuenta que “con los sumilleres no me suelo llevar nada mal porque compartimos algo muy importante, la pasión por el vino, así que yo siempre bajo la humildad (ya que la gran mayoría están más formados que tú) intentas hacer tu trabajo  y recomendarles tus vinos, que no es tarea fácil.” Aunque también  reconoce que “tienes al sumiller estrella, con mucha prepotencia que le encanta ser adorado e idolatrado por las masas y como a mí eso no me gusta pues ya sabes lo que ocurre”. Esta profesión también requiere de mucha paciencia, por eso al preguntarle si cambiaría algo de su trabajo pide respeto, “se trata de respeto, pero no puedo pedir respeto hacia los comerciales en concreto ya que esto tiene que ser hacia cualquier ser humano, hay que tener en cuenta que nunca sabes quién entra por tu puerta, así que trata a la gente con respeto y humildad; Aún las profesiones más humildes son dignas de respeto”.

Manel estudió arte, por eso para él “el vino es arte, me gustan las bodegas que tienen honestidad en sus vinos y los miman como si de un cuadro se tratara, me gusta vender arte, no vender porquerías. Si no te apasiona lo que haces déjalo, ser un apasionado y enamorado del vino hace que a pesar de todas las veces que me he caído me levante de nuevo y con más ganas de seguir adelante”.

Muchos profesionales de la venta, a raíz de su interacción con el mundo del vino, dan el paso a crear su propia empresa de distribución,  o profundizan en sus conocimientos sobre el vino, en el caso de Manel el ya ha pasado por ésta experiencia “A raíz de mis años de comercial y llevar equipos de ventas para otras empresas y debido a mi inconformismo, llegó un punto que decidí montar mi propia pequeña distribuidora de micro bodegas, en plena crisis y cuando todo el mundo estaba loco por representar una macro bodega; todo comenzó con ayuda de mi familia a la cual estoy muy agradecido y con muy pocas bodegas, con un buen proyecto muy bien estructurado y pensado, poco a poco las bodegas fueron incrementado y también las ventas, llegando a representar unas nueve en total. En un año ya éramos un equipo de ventas con tres comerciales, más mi ex socio y yo; pero mi  falta de experiencia en los negocios dio lugar a que me asociara con la persona menos indicada, que hizo mil pedazos mi empresa y mi dinero”, afirma.

“Como me dijo mi amigo Rafa Pérez: Manel has hecho un máster de vida que ha sido caro, ¿has aprendido algo? Pues, ¡hala! a seguir en pie. Emocionalmente me costó seguir pero gracias a la gente que te quiere como mi familia y un gran puñado de amigos que me llamaban para invitarme a catas y a volver a luchar, sales adelante” sigue explicando con una calma de quién tiene la conciencia muy tranquila.

Manel es un luchador, un trabajador incansable y siempre sonriente, así que cuando lo veas entrar a tu local, siéntete afortunado porque tienes a un gran profesional para asesorarte.

Y no podía acabar la entrevista sin preguntarle por  su Top 3 de vinos favoritos:

“Solo tres me parece injusto, y los vinos que decido elegir son los que me puedo tomar a diario y con un coste normal, no quiero impresionar a nadie con vinos inalcanzables, me encanta la realidad y el día  a día”.

6º Elemento (Bobal. Bodega Sexto elemento. Valencia)

Me encanta la Bobal comienzo por el vino de mi amigo Rafa que lo vengo siguiendo desde la primera botella.

Caraballas Verdejo (Verdejo. Bodega Finca Las Caraballas. Rueda)

Este Verdejo ecológico me trae a la memoria el primer Rueda que caté en mi vida, en mi primer aniversario de boda en el Restaurante la Sequieta hace muchos años.

Álvarez Nölting (Bobal y Merlot. Bodega Álvarez Nölting. Utiel – Requena)

Parece ser que me gustan los inconformistas, los que están fuera de lo establecido y hacen vinos diferentes saliéndose de las normas.

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