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La Kafetería, sonríe antes de entrar

José Antonio López
Está claro que, muchas veces, las apariencias engañan y también está claro que si no tuviéramos una curiosidad especial nos perderíamos muchas cosas maravillosas de la vida.

Esto me ha ocurrido con la Kafetería. Voy paseando por el barrio antiguo de Alicante. Acabo de dejar Santa María y me dirijo a la calle Mayor. En una esquina y antes de llegar al Ayuntamiento, me encuentro con una fachada que me llama la atención. Posiblemente porque no tiene nada de atractiva excepto un cartel “Zona Happy, sonríe antes de entrar”.

Sonrío y entro. Estoy en un local pequeño pero muy acogedor. Los colores neutros de la decoración se juntan con unos cuadros llenos de color. Las mesas, no más de seis, son veladores antiguos con su pieza de mármol correspondiente. Las sillas, han visto más de tres trienios. Todo está muy limpio y la barra situada a la derecha “parapeta” a una persona que me ha dicho varias veces “Buenos días” y no me he enterado pendiente de lo que me rodea.

Mágico.

Se llama Ángel Soler Roca y me invita a “remover todo lo que necesite”. Estoy en un edificio que tiene más de 120 años. Ángel lo tiene menos tiempo pero ha sabido crear un local único con una clientela admirable. Van llegando parroquianos y uno se da cuenta de que aquí se practica la tertulia. Nadie hace caso a los teléfonos y, en el día lluvioso alicantino y frente a un café, comienzan las interminables tertulias en las que se enseña y aprende.

Ángel nació, circunstancialmente, en Francia. Su madre Antonia, trabajaba como jefa de cocina en un hotel. De la cuna le viene al hijo la pasión de la madre. Con días, se vienen Bienvenido, el padre y Antonia a España. Traen a Ángel. Procedentes de Cieza y Mula echan de menos su tierra. Ángel, con el tiempo, se quedará en Alicante pero con gran parte de su corazón en Murcia.

Nuestro anfitrión estudió Administración de Empresas porque eso de la hostelería lo llevaba, todavía muy profundo, no había salido de la cuna. Lo cierto es que, como muchos, trabajaba para pagarse los estudios y empezó desde abajo en la hostelería.

Permítanme. Ángel es una persona especial. Inquieto, seguro de sí mismo, creativo, abierto a cualquier cambio, culto, humilde, servicial y con una capacidad de aprender increíble. Le basta con ver cómo se hace una cosa una vez para repetirla cuantas veces sea necesario. Eso le ocurre con la mecánica, la albañilería y cómo no con la hostelería. Le digo que es “un tipo raro y que se sentiría muy feliz junto a Leonardo o Miguel Ángel. Es un hombre del Renacimiento… nació tarde.

Riíe “Mi madre ya me dijo una vez que parecía que un platillo volante me había dejado aquí y se había marchado”. Ahora ríe todo el local que han hecho un mutis antes de empezar a arreglar el país.

“Cuando empecé con la hostelería me di cuenta de que era lo mío. Acabé la carrera y, de cabeza a trabajar en distintos bares y restaurantes. Posiblemente demasiados años”.

“Tuve la tremenda suerte de poder estar en sala y cocina, empezando desde muy abajo. Gracias a Dios, esta facilidad que tengo de ver, aprender y retener me permitió guardar muchas enseñanzas y no tener límite a la hora de buscar nuevos horizontes”.

Pero no todo fue un camino de rosas. De hecho, los locales en los que trabajaba Ángel tuvieron situaciones económicas no muy boyantes y le tocó la china de tener que trabajar doble o triple para mantenerlos y si con ello tenía que seguir con su empleo.

“Llegó un momento en que estaba hasta la coronilla de trabajar para los demás y decidí marcharme y montar mi propio negocio. Quería algo especial y me dejé llevar por el corazón. Aquí tienes el resultado La Kafetería abierto a todo el mundo”.

Interrumpimos la entrevista. Llegan más clientes y Ángel debe empezar la segunda “danza de los cafés y las tostadas”. Habla con todos y tiene tema para muchos. Su verbo es fluido y comprensible. Se nota su fondo “editorial”. La clientela está a su altura. Es un toma y daca. Es un yo te enseño y aprendo.

A la vuelta a la mesa viene acompañado “de uno de mis platos estrella. Pruébalo que no has tomado nada”. Ante mí el Sandwich Club, una maravilla con pechuga de pollo, bacon, lechuga, tomate, queso y mahonesa… vamos de lo más normal. Lo asombroso es cómo está hecho. No dice palabra y sonríe.

“Yo no tengo menú ni platos especiales. Tapas y platos combinados. Lo especial es que le ofrezco al cliente la posibilidad de que él se haga su propia comida. Verás. Diariamente compro en el mercado lo que es la base del plato. Buenos pescados entre los que están el salmón, la merluza o lo que haya ese día. En carnes, entrecot, solomillo… y todo tipo de verduras de temporada más algunas cositas”.

Nos hemos levantado y estamos echando un ojo a la compra del día…

“Cuando viene el cliente le digo la base del plato y él elige el resto y cómo quiere que se lo elabore. Es estupendo porque colaboramos todos en la comida de cada uno”.

Me sorprende y lo entiendo cuando, horas más tarde, veo la salida de platos combinados que asemejan a cuadros recién pintados y de los que nos cuesta “prescindir”. Vuelven limpios a la cocina. Estos platos están elaborados de una manera especial que habrá que descubrir.

“Ese es mi mayor orgullo. La gente come bien, lo pasa bien y se lleva el mejor recuerdo. Todo es tan sencillo como parece. Normal, como la vida misma”.

Pero para llegar a esa “normalidad” han tenido que pasar muchos años de trabajo y de entrega. La Kafetería no se improvisa.

“Me falta por hacer todo lo que no he hecho, mucho”. Y me habla Ángel de su nuevo proyecto de tapas y que, dentro de unos meses cambiará la decoración del local. Eso sí manteniendo lo básico pero cambiando colores, algún cuadro…

En las mesas han arreglado casi todo lo del país. Toca fútbol. Hombres y mujeres se enzarzan en alabar a sus equipos. Ángel sirve otra ronda de cervezas con unas míticas aceitunas de Cieza. No ha sonado un móvil en las dos horas y media que he estado en este maravilloso local. Sólo un poco de música selecta nos ha acompañado.

La Kafetería está en la calle Lonja de Caballeros, 8 en Alicante. Muy cerca del Ayuntamiento y antes de llegar a la calle Mayor. Su teléfono es el 601 30 42 84.

Conózcanlo, me lo agradecerán.

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