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Déjate seducir por el mundo del vino

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La puerta de los Serranos

Un buen profesor. Un paseo fluvial y una playa continental. Y pueblos de pasado árabe, unidos por un camino de agua y vida. Y a su lado, una carretera que les obligará a desandar parte de ella: la CV-377.

Texto: Rubén López Foto: Fernando Murad Vídeo: Vincent Loop – Fernando Murad
Llamamos a la puerta de una comarca que, sin embargo, te impide el paso. El pasillo de entrada a Los Serranos se ha situado desde antiguo más al norte. Alejándose del río y dirigiéndose, tras atravesar el Camp de Túria, hacia las poblaciones de Losa, Calles y Chelva. Quedando los municipios de Pedralba, Bugarra y Gestalgar descolgados. No en vano, el último pueblo de este trío es un cul de sac viario. El viajero tendrá que volver sobre sus pasos para seguir remontando el curso de un río que empieza a encajonarse, dejando poco espacio a los márgenes. Aun así, mientras se lo permita, continuará a su vera, cruzándolo por segunda vez por el puente que da acceso a Pedralba por la CV-370. Y de nuevo, si al sol no se le han pegado las sábanas, su piel se protegerá de una cota de malla de reflejos plateados. Uno de esos regalos matutinos que la vida te tiene reservados si viajas despacio.

El buen profesor
El viajero estacionó su vehículo en la explanada de la báscula. Desde ahí sale la Ruta de la Pea que, junto a la del Palmeral, son los dos itinerarios que se internan en la zona más salvaje del Parque Natural del Turia. Donde el río comienza a pasar las primeras apreturas entre tímidas elevaciones calcáreas. Este tramo ofrece al visitante un tupido dosel compuesto de pino blanco y matorral mediterráneo. Y las vistas sobre la Peña Latrón. Donde anidan el búho real, el halcón peregrino y parejas de águila perdicera. Además, en sus laderas se conservan restos arqueológicos de la Edad del Bronce. Y un dato relevante, junto a la Presa de la Pea se encuentran los machones del primitivo puente medieval. Camuflados hoy entre la vegetación de ribera. Fue destruido durante la Guerra de Sucesión Española (1706-09). Información que suministra al viajero su guía particular: José Vicente Martínez Perona. Pedralbino de pro. Y quien fuera profesor de Historia Antigua en la Universidad de Valencia.

Es el buen profesor quien enseña al viajero a saber mirar; al fin y al cabo, a escuchar con atención lo que dicen las calles de su pueblo. Gran parte de ellas arraigadas a la antigua medina musulmana. Con sus angosturas, paredes encaladas, y engalanados sus umbrales de plantas. Destaca una iglesia de grandes dimensiones construida sobre la base de la antigua mezquita. Todavía hoy se diferencia claramente el arranque del minarete donde el almuecín llamaba a la oración a los fieles hasta 1609. Año de la expulsión de los moriscos. La parroquia, de espinazo neoclásico y piel barroquizante, está consagrada a la Purísima Concepción. Como hecho notorio, una de sus dependencias guarda el icono más grande de Europa. Una tabla que contiene todas las escenas de la vida de la Virgen.

Pero esta no es la única sorpresa que reserva Pedralba al viajero. Y que el buen profesor revela justo a continuación. Las casas con más solera de la población se encuentran en el margen izquierdo de la calle de la Acequia. De fachadas historicistas la mayoría, alguna muestra sin embargo, alguna veleidad modernista. Algunas familias pedralbinas hicieron su agosto a finales del XIX con el vino. Una comarca que produce una variedad blanca exclusiva: plantafina. La sorpresa viene al subir los escalones de uno de los puentecitos que salvan el canal de agua que separa las casas del puro asfalto. Para más señas, los del número 22. La puerta de la vivienda está decorada con atributos masónicos. Léase: balanza, compás, gorro frigio y cartabón. Al bajar, el buen profesor se queja de que los rollos, las tomas de agua que dan a la huerta, hayan sido silenciados. Ahora todo molesta, y se encoge de hombros.

Pedralba

Pedralba

Pedralba

Pedralba

Pedralba

Pedralba

Pedralba

La CV-377
El viajero sigue dándole vueltas a lo de saber mirar. Si realmente lo ha conseguido. El río queda a la izquierda de la carretera CV-377, que enlaza Pedralba, Bugarra y Gestalgar. Le acoge un valle de márgenes modestos, pero valle al fin y al cabo. Una excepción a la regla. Le acompaña una geografía a la intemperie. Desolada. La deforestación de algunas montañas sobrecoge. Condenadas como están a una erosión a manos llenas. No hay árboles que sujeten unas vertientes que se desmenuzan con solo mirarlas compuestas como están de rocas sedimentarias junto con areniscas y margas. Sobre todo desde el pavoroso incendio del verano de 2012. Y con estos pensamientos rondándole la cabeza llega a Bugarra. Donde acampa en el Camping Río Turia justo al lado del paseo fluvial del municipio. Entre sus servicios dispone de un bar-restaurante con acceso directo al río. Sus especialidades: almuerzos y paellas. Es una de las zonas de baño más populares en los meses de verano. A tan solo 50 kilómetros de Valencia. Y que en cierto modo apacigua al viajero. Es el poder del agua que en su paso viste las orillas de verdes prados y árboles que entonan canciones que hablan de gratitud y futuro.

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Pequeño paraíso
Como solo tiene palabras de gratitud con Mara y Nacho. Quienes le acogieron como a un amigo en Casa Amarain. Una casa rural donde el viajero descansará tras visitar Gestalgar, un municipio que aún conserva parte de su pasado árabe y medieval. El primero se mantiene en pie en el viejo Alcázar de los Murones. En torno al cual se apiña un caserío de calles estrechas y paredes enjalbegadas. Desde la judería del Arrabal de las Peñas se alcanza un mar chico de tejados donde se reflejan los edificios que han marcado la historia de los gestalguinos. Destacando el Palacio de los Señores de Gestalgar. Con su torreón de planta cuadrada que aligera una delicada galería de arquillos renacentistas. Y la cúpula de teules blaves de la iglesia de la Purísima Concepción junto al campanario. Que vierte su campaneo todas las horas y medias y por dos veces. Por si alguien no quiere darse por enterado que aquí, aunque no lo parezca, también pasa el tiempo.

Un tiempo que en verano se aprovecha en un río que es vecino. Gestalgar es el único pueblo ribereño del Turia que puede presumir de contar entre sus atractivos turísticos con una playa continental. Como suena. Cumpliendo con todos los controles microbióticos y bioquímicos que impone la normativa. Una playa que es famosa no solo por su enclave privilegiado, sino por sus concurridas clases de Aquagym. Muy apreciadas por el colectivo femenino local y foráneo. Entre otros servicios dispone de albergue municipal y una empresa de turismo activo: Azahar Aventura. Y de hornos a leña, carnicería, y del Ultramarinos Mari Carmen, donde proveerse de todo lo necesario para pasar el día en la Granadella de interior. Como se refiere a ella el bueno de Nacho. Una cala fluvial tapizada de cantos rodados y bañada por las aguas cristalinas del Turia bajo la protección de Peña María. Se puede acceder sin dificultad en vehículo. No obstante, desde el pueblo salen dos rutas homologadas (PRV-90 y 91) impulsadas por la Asociación Cultural y Excursionista de Amigos de Gestalgar. Pasando por el Acueducto de Calicantos, que se cree de la misma hornada que el de Peña Cortada, en Chelva. Porque por aquí también pasaron los romanos.

Gestalgar – Casa Amarain

Gestalgar – Casa Amarain

Gestalgar – Casa Amarain

Gestalgar – Casa Amarain

Gestalgar

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Un comentario al margen merece Casa Amarain. Una casa de pueblo del siglo XVI completamente rehabilitada. Consta de planta baja y tres pisos unidos por un patio interior donde se descuelga el cielo. O las dos lunas, que es lo que significa Amarain. La que asoma mil y una noches, y su alma gemela, que se refleja en el río. Una casa donde predominan los colores cálidos, bajo una luz de lámparas de cristales esmerilados, algunas traídas del norte de África, ofreciendo rincones de profundo sosiego. Mara y Nacho viven Gestalgar como ese paraíso del que fuimos expulsados una vez. Y que gracias a su tesón han levantado de nuevo tras los gruesos muros de la casa. Solo tienen que llamar a su puerta. Es un paraíso fraternal. Por otra parte, si llegan con la hora de comer hecha unos zorros, en el Bar de la Carretera les atenderán sin un pero. Yolanda y Lori les servirán un bocadillo de brascada que les sabrá a gloria. Y que pueden acompañar con un blanco Merlot 2016 de Bodegas Vegamar que lleva el sello de M.ª Paz Quílez y Pablo Osorio.

Dónde comer
Silvia Meléndez. La Pitanza. En Pedralba. En la misma carretera que atraviesa la localidad camino de Bugarra. ¿Por qué? Porque ofrece una cocina sin doblez y honesta. Digna representante de una generación que reúne la Asociación Profesional de Cocineros y Cocineras de la Comunidad Valenciana (APCCV). En su caso particular, conjugando la cocina de interior y la que Silvia interpreta. Una propuesta que pasa por una cocina pegada al terreno, pero sin renunciar a toques innovadores. Parte de la materia prima la tiene aquí al lado. Las hortalizas proceden de la huerta pedralbina. Los pescados de la lonja de Dénia, que para eso el mar está a 30 km en línea recta. Y la carne y el embutido de la carnicería del pueblo. Como no podía ser de otra forma.

Es lo que tienen los municipios fronterizos. Que pueden ofrecer una gastronomía montuosa pasada por la brisa marina. Ahora bien, para ofrecerla hay que querer hacerlo. Y ser consciente del terreno que se pisa. Muchas veces resbaladizo. Porque en la cocina, como en tantos otros ámbitos de la vida, resulta más cómodo ir a tiro hecho. O blanco o negro. Silvia y su compañero de viaje, Pepe, no son de esta especie. De ahí que tanto la cocina como el local estén llenos de matices que por objetivo tienen mimar los sentidos. Por eso su restaurante resulta ser toda una experiencia. Y solo las experiencias dejan poso. Como dejaron los platos que el viajero anotó en su bloc: albóndigas de bacalao sobre una base de pisto y ajoarriero, pulpo a la brasa con puré de patata y habitas tiernas, y unas alcachofas confitadas con huevo a baja temperatura y foie. De plato de cuchara, el viajero se inclinó por un arroz de costillas y setas. Y de postre, un mousse de caramelo que lleva el nombre de quien le inculcó el amor por los fogones a Silvia: La Abuela Flory.

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

Silvia Meléndez – La Pitanza – Pedralba

ENLACES DE INTERÉS
www.pedralba.es
www.facebook.com/La-Pitanza-Pedralba-332537690597/
www.bugarra.es
www.amigosdegestalgar.com
www.alberguegestalgar.com
www.casaruralamarain.com

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