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Déjate seducir por el mundo del vino

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La tierra del silencio

Un hito en el curso del río Cabriel: La Noria hidráulica de Casas del Río. Los Sardineros: un pueblo abandonado dejado de la mano de Dios y de la de los hombres. Y una casita de muñecas que guarda en su interior un manantial con muy malos humos: el Balneario de Fuentepodrida.

 

Texto: Rubén López Morán Foto: Fernando Murad Vídeo: Vincent Loop – Fernando Murad
El viajero viene de un lugar donde el ruido es una religión. Hago ruido, luego existo. El silencio es lo que sigue al ulular de un coche de policía o una ambulancia. Sólo en las bibliotecas o algunos jardines encuentra refugio. Donde descender a un valle cubierto de árboles, de palabras. ¿Qué es un libro al fin y al cabo sino un medio de emboscarse? Es lo que ha estado haciendo de un tiempo a esta parte. Y con ésta ya son 9 las entregas. Cada vez más cerca del epílogo, del desenlace. Del abrazo de los ríos Cabriel y Júcar. Sin embargo, todavía queda algo de valle por descubrir y escribir. Aún queda un tramo donde seguir conjugando la tierra y el cielo. Descendamos una vez más. Abramos de nuevo esta guía imperecedera. Y prepárense a respirar el silencio, porque a donde vamos no sólo se escucha, sino que se ve.

Se imaginan emparejando las estaciones del año con los días de la semana. La primavera y el verano lo harían con el viernes y el sábado. El otoño con una tarde de domingo. Y el duro invierno comenzaría el lunes. Es tiempo entonces de melancolía. De esa luz cobriza que destilan los árboles de hoja caduca. Aunque cada vez están más en los huesos. Puras anatomías, porque el lunes está a la vuelta de la esquina. Siempre lo está, por otra parte. Pero no adelantemos los días. Ni las estaciones. Continuemos instalados en la tristeza de la dicha, como dejó escrito el maestro Leguineche. Bajo este bosque de galería que entolda este río que nos lleva. Como la vida. Y escribamos. Y leamos. Que siendo verbos que casan mal con el imperativo son tan necesarios como el verbo AMAR. Porque el lunes regresará. Y con él, el invierno. ¡Pero hoy es sábado y mañana domingo! Disfrutemos por tanto de este penúltimo fin de semana. Descubriendo juntos la tierra del silencio.

La arquitectura del agua
Con el invierno a las puertas las calles de Casas del Río no huelen a chimenea. Ni a tejados mojados. Ni a campo trabajado. Huelen a monte bajo reseco. A hinojo. Como si hubieran pasado el aire por un pañuelo empapado en anís. A sus vecinos les llaman rianos. Quien acompaña al viajero es Federico Martínez Pardo. Cruzan el río. Conversan plácidamente camino de un lavadero labrado sobre el canal de una acequia. Envueltos en un sol hospitalario. Las pocas huertas que están activas todavía son las despensas de cada jubilado. Aquí ya no hay de qué vivir. Salvo el antiguo bar del pueblo, sostiene. Hoy el remozado Ca’Rafa. Que milagrosamente está abierto todo el año. Menús y platos combinados. El único lugar donde las conversaciones se confunden: jugando a los naipes, al dominó, o comentando la temporada de caza o el partido de fútbol de turno.

Aun así la Noria, construida en el s XVIII, continúa vivita y coleando. Los cangilones siguen extrayendo 1.500 litros por minuto y los trasiegan a los canales de recogida que conducen el agua hasta la vega. Las palas de perfil plano; los travesaños de madera; los radios; el eje de hierro fundido; la corona; los tirantes, todo continúa rodando bajo una cortina de agua. Lo que permite su conservación, porque si el agua dejara de correr, advierte Federico, que es el presidente de la Comunidad de Regantes Boca Azul y la Noria, todo se pudriría. Se secaría. Como la misma tierra, como la misma memoria, que sin agua, sin recuerdos, dejan de oscurecerse y se cuartean. Y acaban convertidas en baldío.

La espiral de la vida
Se han sentado en una mesa del área recreativa que ribetea este lado de la orilla del Cabriel. Junto a ellos se alza un tótem que pertenece al conjunto escultórico “Canto a la naturaleza en espiral”, obra del artista Emilio Gallego. 22 esculturas elaboradas con piedra, madera y hierro repartidas por la comarca de Requena. Sin duda nos encontramos ante una de las salas de exposición más grandes del mundo. Esta es la segunda escultura con la que se topa el viajero. La primera fue en el mirador del Valle de Fonseca. 30 kilómetros río arriba. Arte de la tierra. Traducción del término americano Land Art. Un arte que se integra en el espacio. Sin más pretensión. O quizá sí. Ayudarnos a mirar con otros ojos. Más condescendientes con lo que nos rodea. El viajero se siente a gusto a su lado, porque como la naturaleza estas obras no tienen opinión sobre él.

Vuelven a cruzar el río. Ahora el puente está de bote en bote. El viajero interroga a Fede con la mirada. Acaba de llegar el trenecillo que viene del Balneario de Hervideros, en Cofrentes, le aclara. Durante estas fechas Casas del Río forma parte del territorio IMSERSO. Los móviles fusilan la noria. El guía se empeña en captar la atención de los visitantes. Por lo menos cuenta con una ventaja: no hay cobertura. ¡Se encuentran en el corazón del Parque Natural de las Hoces del Cabriel!, vocea. Mientras tanto el río se entretiene tirándose por las inclinadas paredes del azud. Una presa en forma de U que separa y divide su caudal: por la margen izquierda envía el agua hacia la Noria y el Molino del Tío Pedro; y por la derecha lo hacía al caz o canal del Molino de Cuéllar. Este último se dedicó hasta 1945 a la molienda de trigo y elaboración de piensos, como serrería y generador de electricidad para el pueblo. Se lo llevó por delante la “Pantanada de Tous” en 1982. El caz aún puede apreciarse semienterrado.

La demotanasia
Junto al retablo cerámico que recuerda a los visitantes el pasado morisco de la aldea y su posterior refundación por los hermanos Antonio y Asensio Serrano en 1720, sale “la Ruta Verde” del Parque Natural que corre paralela al río hasta llegar a la Finca Caballeros donde sin solución de continuidad enlaza con “la Ruta Roja”. La que conducirá al viajero hasta la aldea abandonada de Los Sardineros. No tiene pérdida. Y el piso de la pista está en buen estado. Bienvenidos de nuevo a La España Vacía de Sergio del Molino. O a Los últimos: voces de la Laponia del sur, de Paco Cerdá.

Esta aldea llegó a empadronar 136 habitantes en 1930. Hoy es un conglomerado de paredes carcomidas. Calcinadas como las mismas aliagas que malviven aquí y allá. De techos hundidos. Viguerías desmembradas. Donde la tierra poco a poco la está deglutiendo. Es una estampa desoladora. Porque ni siquiera la vegetación participa. Dulcifica el abandono. No camufla sus restos como los vestigios de una civilización perdida. Están a la intemperie. Desnudos. A la vista de todos. Incuso la carretera de asfalto llega hasta el cartel que anuncia el pueblo y se detiene en seco. Le corta el paso unas piedras sin vida y un silencio de cielo raso. No se detengan. Continúen su camino.

 

Balneario de Fuentepodrida
El viajero necesita sanarse. Le conviene porque está a las puertas de la edad avanzada, según la división que hizo William Shakespeare de las edades del hombre: infancia, niñez, el amante, el soldado, el adulto, la edad avanzada y la senilidad. Consumidas las 4 primeras le quedan tres para llevarse un buen sabor de boca. Acude entonces al Balneario de Fuentepodrida. ¡Estoy viéndoles cómo alzan las cejas! A veces un olor a huevos podridos esconde la fuente de la juventud. Es lo que tienen estas aguas mineromedicinales, declaradas de utilidad pública en 1871. Y que hoy disfrutan mayormente las personas en edad avanzada.

Estas aguas sulfurado-cálcicas y sulfhídricas están especialmente indicadas para paliar el reuma y la artrosis; también las afecciones de la piel como psoriasis, eccemas y dermatitis. Asimismo su efecto mucolítico y descongestionante, unido a la actividad bactericida del azufre, las hace beneficiosas para combatir enfermedades respiratorias como alergias, sinusitis, rinitis, bronquitis y asma. Como resalta José Pardo, gerente de la instalación, tras una media de doce días de estancia, los termalistas se van como nuevos, ahorrando mucho dinero a las arcas del Estado, porque dejan de ir al médico y gastan mucho menos en medicinas.

Todo eso está muy bien. También el nuevo edificio del hotel. Y las casitas que se construyeron en los años 60 y que se están restaurando una a una. Hay 37. El viajero lo que quiere ver es el lugar que guarda el manantial. Donde comenzó todo. Hacia allí se encaminan. Guiados por la propietaria del balneario, Marisa Pérez. Una pequeña construcción de aspecto decimonónico preside el escenario. Todo cubierto bajo un dosel de pinos y plataneros. El río corre al lado. Se siente en la piel la conversación entremezclada del viento y el agua. La suya gira en torno a la necesidad de poner en valor esta puesta en escena. Marisa está por la labor. Pero todo tiene sus tiempos. Ahora toca descansar tras una temporada que no da tregua. El Balneario permanecerá cerrado desde el 5 de diciembre hasta el 5 de marzo. Al igual que el de la Concepción (desde el 18 hasta mediados de febrero). En la orilla albaceteña del río Cabriel.

 

ITINERARIO EN COCHE
Si se accede desde Valencia: A-3 hasta Requena. En Requena tomad la N-322 dirección Albacete hasta enlazar con la N-330 (Cofrentes-Almansa). Hasta descender a Casas del Río por la CV-442. Para llegar al Balneario de Fuentepodrida se continúa por la N-322 Los Isidros-Villatoya.

ENLACES DE INTERÉS

Ayuntamiento de Requena www.requena.es/en/content/casas-del-rio

Balneario de Fuentepodrida www.hotelbalneariofuentepodrida.com

Balneario de la Concepción www.balneariodelaconcepcion.es

Parque Natural de las Hoces del Cabriel www.parquesnaturales.gva.es

Turismo Requena www.turismorequena.es

Turismo Albacete www.turismoenalbacete.com

 

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