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La tierra ignorada

20 octubre, 2018

Iglesias de Reconquista, huertas que son vergeles, pueblos antiguos y una gastronomía heroica. El “Rincón” que lucha por dejar de ser una isla perdida.

Texto: Rubén López Morán Fotografía: Fernando Murad Vídeo: Vincent Loop – Fernando Murad
Si de algo sabe el Rincón de Ademuz es de despedidas. Podría confeccionar un catálogo entero. En la parada del autobús. Al borde del camino. En el umbral de una casa. Sin embargo, el viajero no ha llegado a esta isla interior de la geografía valenciana para hacer un inventario de nostalgias. Más bien todo lo contrario. Si ha llegado hasta su orilla remontando las aguas del Turia es para tratar del material del que está hecha la esperanza: de presente y futuro. Y qué mejor que hacerlo con las personas que creen todavía en un “Rincón” vivo. Y no es una cuestión baladí, porque en juego está la supervivencia de una comarca entera.

Se reúnen en el pórtico de la entrada a la Ermita de la Virgen de la Huerta en Ademuz. Una costumbre que viene de lejos, porque era bajo este techado donde los vecinos discutían de los asuntos del concejo. Datada en el siglo XIV, y siguiendo el modelo de las iglesias de Reconquista, destaca la portada de tradición románica y los arcos apuntados de estilo gótico de su interior, teniendo en sus dos capillas laterales dos joyas de orfebrería en piedra provistas de bóvedas de crucería. Si las piedras del Rincón hablan por sí mismas, qué decir de las personas que las rozan a diario.

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Despoblación galopante
Carmina Villanueva
, voluntaria de Cáritas Interparroquial Rincón de Ademuz, echa mano de sus recuerdos para analizar la situación. El pasado se caracterizó por una economía de subsistencia, y la consiguiente emigración en masa de principios de los años 60. Javier Soriano Garrido, exgerente de los Programas Leader, abunda al respecto: la gente no se iba porque no apreciara su modo de vida, sino porque no tenía qué comer. Y reflexiona: el mundo rural no encaja con el modo de vida actual. Sin olvidar que la administración se desentendió por completo. En cierto modo, mete baza el viajero, la España vacía le viene grande. Para Carmina la palabra clave para revertir el proceso es innovación. Junto con la de planificación que defiende Javier. Solo así podrá ganarse el futuro. Un futuro que traiga consigo un modelo que responda tanto a las necesidades de las personas que se quedan como a las que llegan.

¿Qué tiene que ofrecer el Rincón? En este apartado tanto Camina como Javier, Alfredo Sánchez, cronista oficial de Torrebaja, y el joven sacerdote del Rincón de Ademuz, Pablo Soriano, trufan sus intervenciones de paisaje, patrimonio, naturaleza, silencio, hospitalidad. Pero tanto el paisaje como el silencio pasando por el patrimonio, la naturaleza y la hospitalidad se tienen que mantener. No basta con ofrecerlos a palo seco, porque en invierno, en el Rincón de Ademuz, hace mucho frío, y además se reparte entre muy pocos. El año pasado se alcanzaron los 12 grados bajo cero. Y en la actualidad el censo, según el Portal de Información ARGOS, ronda las 2.300 personas repartidas en 7 municipios, con una densidad de 6,76 hab. /Km2. La capital del Turia registra 5.861,65.

Proyectos ‘kilómetro cero’
Desde el mirador del Castillo de la villa de Ademuz se disfruta de una panorámica generosa. El pueblo avanza sobre la ladera del cerro de los Zafranales. Se encarama precavido por miedo a las avenidas del río. Algo habitual por estos lares porque aquí al Turia se le permite estirar las piernas. No baja encajonado entre paredes inexpugnables, sino que riega una fértil huerta que pinta de verde sus márgenes. Mientras los árboles delatan su curso arrojando sombras también verdes sobre las aguas color café con leche. Las acequias centellean a cielo abierto. Los membrillos lucen amarillos como pequeños soles. Y los manzanos doblan sus ramas cargados como están de frutos prestos a ser recolectados por las manos de Ricarda Vallano. Una ademucera que un día decidió aportar valor añadido a uno de los productos estrella de la comarca, las manzanas heladas o esperiegas, elaborando un zumo naturalmente turbio que ya lo quisiera para sí el mismo druida Panoramix para su pócima mágica.

Un producto kilómetro cero como los que elabora la familia Siete Suertes, con Emilio Hernández Esparza a la cabeza, en la población vecina de Torrebaja. Unos platos preparados en su cocina central y que vende a varios restaurantes de media España gracias a un proceso de envasado al vacío con tratamientos térmicos suaves y  debidamente pasteurizados. Desde un ajoarriero hasta un flan de queso curado, pasando por unas alubias pintas con morro y chorizo, rabo de toro con boletus o canelones de manitas de cerdo. Verlo para creerlo y probarlo. Sobre todo un flan que firmaría la cocina de un convento porque sabe a gloria. Una gloria que lucha contra viento y marea por salir adelante. Encarna Fortea, mano derecha de Emilio y socia de la empresa, es muy explícita: solo pedimos las mismas oportunidades. A saber, que no haya cortes de luz, que la velocidad de internet sea la adecuada, y una red de infraestructuras digna. ¡Cambio y corto, Valencia!

Pero el mar donde va a morir el Turia parece estar lejos. Además, tiene que sortear gigantescas montañas como el Calderón. El techo de la Comunidad Valenciana con 1.839 m. Por eso parece aconsejable hacer noche. Por ejemplo, en Casa Rural Garrido. Un alojamiento que rehabilitó una casa del siglo XVI junto a la plaza del Arrabal en Ademuz. Donde sus anfitriones, Juan y Ana, les harán sentir como en su casa. Una casa que se mantiene en pie gracias a las vigas maestras salidas del paraje del Pinar. Provista de una gran chimenea, puertas de mobila, suelos ajedrezados y unos balcones bañados por la luz pura e ingenua del Rincón. Porque aquí la luz aún no está corrompida. Una circunstancia que debería ser también puesta en valor.

Casa Domingo
El viajero no puede marcharse sin rendir homenaje a un establecimiento que lo ha sido todo en el Rincón. No puede irse sin comer en Casa Domingo y conocer a los dos hermanos que recogieron el testigo de un negocio familiar que comenzó en 1948 el matrimonio Domingo Aparicio y Engracia Amado. Pepe y Vicente les atenderán sin florituras. En un comedor que ribetea un río que no se anda con chiquitas. De ahí que su gastronomía esté condicionada por el clima y la orografía. Absténganse estómagos pusilánimes. Y que fue merecidamente reconocida con el 1er Premio Salvador Gascón de Cocina Popular Tradicional Valenciana en 2017 que concede la Asociación Valenciana de Periodistas y Escritores de Turismo. Estamos en el corazón de las tierras altas. Aun así, y atendiendo al origen del viajero, de primero le ofrecieron unas tajadas de pan con tomate. A partir de ahí, el menú se desplegó contundente: delicias de Ademuz, migas, almortas (harina de guijas con ajo, panceta y longaniza), codillo y para terminar un dulce de manzana Esperiega con queso fresco. Acompañado con un extraordinario Caesar tinto de Bodegas Pasiego.

Ahora sí. Toca despedirse. Un adiós motivado por un trabajo este del viajero a contracorriente, aunque esta vez suene a un hasta pronto. Porque Carmina le ha prometido cantar juntos ‘Pueblo mío’, de José Feliciano; Javier, acompañarle a ver el parque escultórico Arte y Naturaleza; y ¿Alfredo?, a comerse unas gachas en Casa de Dalmucio y Rosita, donde le explicará la Historia en mayúsculas del Rincón. De paso verá si Ricarda ha materializado su idea de montar una sala de catas de zumos de manzana. Y si queda tiempo, visitará Sesga, un pueblo perdido en las montañas, ¡donde la luz eléctrica llegó a principios de este siglo! Y por supuesto, encontrarse de nuevo con el joven sacerdote del Rincón Pablo Soriano. Y hablar de lo humano y lo divino, porque el viajero a estas alturas del viaje aún no sabe qué será, qué será, qué será, que será de su vida, qué será… Y ya va siendo hora, ¿verdad, pater?

10 cosas que hay que hacer en el Rincón. Por Alfredo Sánchez.

  1. Visitar la Ermita de la Virgen de la Huerta (Ademuz)
  2. Ascender al Mirador del Castillo o de Cavanilles (Ademuz).
  3. Visitar el Torreón gótico-renacentista de los Garcés de Marcilla en Torrealta.
  4. Panorámica de Castielfabib desde la partida de Los Planos.
  5. Visitar la Iglesia-Fortaleza de Castielfabib.
  6. Feria Comarcal de la Manzana de principios de noviembre.
  7. Comer unas Gachas en Casa de Dalmucio y Rosita (Castielfabib); o en Los Emilios (Torrebaja); o en Casa Pepe (Mas de Jacinto).
  8. Rutas PR.V. 131.8 Alto de Barracas PR. V. 131.9. Cruz de los 3 Reinos.
  9. Las Hogueras de San Antón de Casas Bajas. La noche del 16 al 17 de enero.
  10. Visitar la plaza de España e iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Vallanca.

Datos de interés
Blog “Desde el Rincón” de Alfredo Sánchez www.desdeelrincondeademuz.com
Zumos de manzana Ricarda Brun Av. Valencia, 65b Ademuz. T. 671 89 62 15 www.ricardabrun.com
Siete Suertes Polígono Artesanal, 25 Torrebaja. T. 978783288 www.sietesuertes.com
Casa Domingo Av. Valencia, 1 Ademuz T. 978 78 20 30 www.hostalcasadomingo.com
Casa Rural Garrido
Calle Solano, 6 Tels. 630 924 149 / 630 924 147 www.casaruralgarrido.com

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3 comentarios en La tierra ignorada

Tomy el 20 octubre, 2018 a las 9:48 pm:

Magnífica representación de la tierra, del interior, de las gentes y del buen hacer. Seguir, vale la pena. Gracias por vuestro buen gusto.

Cesar Zapata el 21 octubre, 2018 a las 11:49 am:

Enhorabuena a esas tierras y sus gentes y sobre todo a l@s emprendedor@s!!!Tengo el privilegio de disfrutar del Rincon cada año!!!!!Saludos!!!

Currazapata Josefina el 21 octubre, 2018 a las 4:20 pm:

Enhorabuena a esas gentes emprendedoras.cada año me lo paso estupendamente en el Rincón.Que el Rincón también existe.Besos.

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