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Déjate seducir por el mundo del vino

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Les Cases d´Alcanar: una enorme gastronomía marinera

Jaime Nicolau / Mari Carmen González

Queremos acercarles hoy una ruta algo más larga de lo habitual pero que, como el resto, vale la pena y son tangibles. Salimos desde Valencia dirección norte con todos los sentidos a punto para disfrutar de un trayecto con el mediterráneo todo el rato en las ventanillas de la derecha, tapado en ocasiones por alguna montaña, asomando con elegancia detrás de las curvas. Haremos dos paradas. La primera etapa, del tirón, nos llevará hasta Les Cases de Alcanar, pueblo marinero allá dónde confluyen las comunidades valenciana y catalana, perteneciente a esta última. Aunque el trayecto se puede abaratar, nos decidimos por el confort de la AP7.

Tomamos el peaje en Sagunto y autopista hasta la salida de Peñíscola/Benicarló/Vinaròs. Allí salimos a la carretera antigua para atravesar estas dos últimas poblaciones, antes de llegar al cambio de provincia y de Comunidad. Hacemos el viaje con un compañero de lujo. Hoy nos lleva hasta Tarragona el C63 AMG de Mercedes. Potencia, tecnología y confort al servicio de un viaje inolvidable.

Llegamos a la localidad de destino y un desvío a la derecha nos lleva al mar. Junto a él encontramos todo lo que maravilla de esta pequeña localidad. Conocida como Les Cases, se emplazan a 4 kilómetros de Alcanar.  Es una de las villas marineras con más encanto de la Costa del Ebro, con fisionomía de auténtico pueblo marinero, con una fachada marítima que conserva las antiguas casas de pescadores que, junto al puerto deportivo y pesquero, le confieren un encanto especial.

Aparcando en el puerto encontramos nuestro destino a pocos metros. Les Barques Can Joan es el restaurante elegido. Seguro que hay más, pero este es especial. Joan, padre e hijo y un equipo fantástico, le hacen a uno sentirse como en casa. Mesa en la terraza, disfrutando del sol, en una tranquila plaza. Empezamos el desfile de platos con cuatro entrantes. Navajas frescas (pequeñas de tamaño, inmensas de sabor) y una sepia a la plancha de la que te recuerda a sabores de antaño con nostalgia. Seguimos con Caixetes, un molusco autóctono que recomiendo prueben para saborear directamente el Mediterráneo. El nombre, en castellano cajitas, le viene de que hay que girar un trozo de la cáscara como si de una llave se tratase para que se abra y saborear el tesoro. Dejamos para el final el pulpo. Un espectáculo de sabor y texturas y una ración tremendamente generosa. No dejen de probarlo.

Hasta aquí todo espectacular. Estamos junto al Delta del Ebro. Tierra de excelentes arroces. Nos dejamos recomendar. Arroz Rojo, elaborado con gamba roja. Espectacular. Postres caseros completan el festín. Es un templo gastronómico en toda regla y un acierto seguro.

Al igual que gastronómicamente, con el vino nos hemos dejado aconsejar. Ilercavònia de Altavins, un DO Terra Alta elaborado con garnacha blanca. Ilercavons es el nombre de los íberos que habitaron la Terra Alta y las zonas vecinas entre los siglos VI y I aC. La DO “Terra Alta” fue reconocida provisionalmente el año 1972. Juntamente con Alella, Conca de Barberà, Empordà, Penedès, Priorat y Tarragona, es una de las siete denominaciones de origen históricas de Cataluña. La tradición en la producción desde tiempos inmemoriales, unos municipios con vida e identidad vitivinícola propia, el patrimonio familiar de viñas y bodegas –muchas veces asociado al cooperativismo, la pasión, la humildad y el esfuerzo en el trabajo- son las características más destacables de las costumbres que las mujeres y los hombres intentan expresar a través de los vinos “Terra Alta”.

Segunda parada: Tarraco

Si continuamos nuestra ruta más al norte, a una hora aproximadamente de camino, nos encontramos con la capital de la provincia, Tarragona, donde podremos disfrutar de importantes restos de la antigua Tarraco romana, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La importancia de Tarraco es indudable. Fue la primera fundación militar romana fuera de la península itálica y ‘base de operaciones’ desde la que se impulsó la conquista de Hispania y de toda la Península Ibérica. Se convirtió en una de las principales ciudades y capital de la provincia romana de la Hispania Citerior o Hispania Tarraconensis. De aquella época nos quedan importantes vestigios, como las murallas, restos del foro y del circo, o el impresionante acueducto de les Ferreres, a unos cuatro kilómetros al norte de la ciudad.

Pero si hay un edificio romano que destaca entre todos ellos es el del anfiteatro. Construido en el siglo II a.C, está en un emplazamiento privilegiado, muy cerca del mar. Conmueve observar el contraste de la piedra con el intenso azul del Mediterráneo como telón de fondo. Imagínense espectadores de una lucha de gladiadores hace 2000 años con ese bonito fondo.

Ahora es una buena época para viajar a Tarragona y disfrutar de su pasado romano. Y es que del 15 al 28 de mayo se celebra una nueva edición de ‘Tarraco Viva’, un festival internacional dedicado a la divulgación de la historia romana, con conciertos, recreaciones históricas, juegos, talleres, conferencias o visitas guiadas. Una ocasión única para comprobar en el propio anfiteatro, cómo era el trabajo de los gladiadores.

Además, del 11 al 28 de mayo se celebra también en la ciudad la XX edición de ‘Tarraco a Taula’, evento en el que nueve restaurantes de Tarragona ofrecen una visión actual de la cocina de la antigua Roma, con platos como moretum vergiliano more et panis de nuce castanea (tarrina de queso de cabra con especias y pan de castaña), salsum sine salso (paté de hígado de pollo con garum y pimienta), paté de olivas, cabrito macerado en mulsum con albaricoques y dátiles… No faltan los vinos y la cerveza oficial, elaborada con miel de azahar.

Pero  no solo de Roma vive Tarragona. En la ciudad podemos encontrar otros encantos, como su catedral, mezcla de estilos románico y gótico, y su bello claustro; el Balcón del Mediterráneo; su antiguo barrio de pescadores y sus playas…

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