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Próxima parada: Viña Real. Tradición y modernidad

22 octubre, 2018

Texto: Isabel Cremades / Fotografía: Fernando Murad
Después de nuestra visita a CVNE en la localidad de Haro, en la Rioja Alta, nos dirigimos a Laguardia, capital de la Rioja Alavesa, para conocer de cerca otra de las bodegas de la Compañía Vinícola del Norte de España, Viña Real, destinada a la elaboración y crianza de los vinos de la familia Viña Real.

Continuamos con Javier Moreno, Community Manager de la bodega y nuestro guía y compañero de viaje. 27 km separan estos dos municipios en los que no dejamos de deleitarnos con preciosos paisajes que destilan historia y cultura y en los que puede palparse la cultura del vino.

Laguardia fue elegido en 2016 ‘Mejor Municipio Enoturístico’ por Rutas del Vino de España. Si quieres viajar en el tiempo a la Edad Media, este es tu destino. Relájate y descubre el encanto de este pueblo amurallado paseando por sus calles empedradas y visitando sus bodegas subterráneas. El lugar perfecto para comprender la tradición vinícola y donde disfrutar de sus maravillosos vinos acompañados de la mejor gastronomía de la zona.

La Rioja Alavesa es una de las siete comarcas o ‘cuadrillas’ (como se conocen oficialmente) en las que se divide la provincia de Álava. Está encuadrada como subzona en la DOCa Rioja y cuenta con 13.500 hectáreas de viñedo y varios centenares de bodegas.

Desde la Sierra de Cantabria caen en pendiente los viñedos hacia la cuenca del Ebro. Las montañas protegen esta Rioja Alavesa donde se combina el clima atlántico con suelos arcillosos y calcáreos. El denominado ‘efecto Föhn’ provoca que en la parte sur de la sierra haya menos precipitaciones y las temperaturas sean más suaves que en la parte norte, lo que favorece el cultivo de la vid.

Década de 1920
La centenaria Compañía Vinícola del Norte de España, pionera en la zona en la elaboración de vinos de crianza en barricas de roble, lanzó la marca Viña Real en 1920. Eran vinos que conjugaban la personalidad, carácter y elegancia de la Rioja Alavesa con la redondez y equilibrio de una perfecta crianza.

Una de las marcas más emblemáticas de Rioja con una gran influencia de Borgoña tanto en la botella como en su estructura y en su gran capacidad de envejecimiento.

El historiador y crítico de arte vizcaíno Manuel Llano Gorostiza, experto conocedor de los vinos de Rioja, escribió (por encargo de la bodega con motivo de la celebración de su centenario) Un vaso de bon vino donde se puede conocer con más detalle la historia de CVNE y el origen de Viña Real.

La historia de Viña Real nace en Elciego, donde todavía continúa su pequeña bodega y su viñedo. El viñedo estaba cruzado por un camino, el Camino Real, que separaba Castilla de Navarra. De ahí el origen del nombre.

A finales de los años noventa del siglo XX la producción empezó a crecer, la bodega se quedó pequeña y la compañía pensó en continuar su proyecto en Laguardia, donde contaban con varias hectáreas de viñedo.

Arquitectura de vanguardia y máxima funcionalidad
Hablar de Viña Real es hablar de un perfecto equilibrio entre más de 125 años de tradición y experiencia de CVNE y los métodos más innovadores, lo que ha permitido su posicionamiento a la vanguardia de la industria del vino.

En Viña Real se elaboran unos tres millones de botellas al año. La gama comprende Viña Real Blanco Fermentado en Barrica, Viña Real Rosado, Viña Real Crianza, Viña Real Reserva, Viña Real Gran Reserva y Pagos de Viña Real. Entre sus grandes premios cabe resaltar los 100 puntos Parker otorgados a Viña Real Gran Reserva 1959.

Debido al vínculo siempre existente con Burdeos y Francia, y a su experiencia en el sector (Château Margaux o Château d’Yquem en Francia y Hacienda Monasterio en Ribera del Duero), los responsables de CVNE pensaron en el arquitecto bordelés Philippe Mazières para diseñar su nueva bodega, quien lo hizo respetando al máximo la filosofía y el método de trabajo de la compañía.

Un diseño premiado con importantes galardones arquitectónicos, como el primer premio en la categoría de Estructura en la Feria Expobois celebrada en Francia, o el Premio Best of de Turismo Vitivinícola Bilbao/Rioja en la categoría de Arquitectura en 2004.

Las obras de la bodega se iniciaron en 1997 y, tras siete años de intenso trabajo, fue inaugurada por el Rey Juan Carlos I en 2004, coincidiendo con el 125 aniversario de la firma. Viña Real es la gran apuesta de CVNE para seguir creciendo.

Integrada en el Cerro de la Mesa, colina que tiene una altitud de 500 m en su cima y de 425 m en su base, se erige esta monumental bodega que logra fundir la orografía riojana con la propia construcción. El conjunto arquitectónico nace del propio cerro y está compuesto por tres edificios (entre los que destaca una enorme tina dedicada a la elaboración del vino) y dos calados destinados a zona de crianza. La bodega vista desde el aire describe perfectamente la forma de un sacacorchos.

En las nuevas instalaciones Mazières conjuga la idea de hombre, nobleza y modernidad a través del uso de tres materiales principales: hormigón, madera y acero inoxidable. Madera a nivel simbólico, acero inoxidable para la primera fermentación y hormigón, para la maloláctica.

Tuvimos la suerte de visitar la bodega en plena vendimia, lo que nos permitió ver todos los procesos de elaboración.

Iniciamos el recorrido en la sala de recepción. La bodega es una auténtica alegoría al mundo del vino en la que no han pasado por alto ningún detalle y donde, de entrada,  llama la atención el mostrador de recepción de visitas, que tiene la forma de un caracol romano o de viña (Helix pomatia).

Fue la primera bodega de España adaptada íntegramente para invidentes y discapacitados. Además, en todas las salas del edificio los paneles explicativos están en sistema Braille para que cualquier persona con discapacidad visual o ceguera pueda consultar la información cuando realice las visitas. El proyecto recibió el premio Cascabel de Oro de la ONCE.

El primero de los edificios es el corazón de la bodega. Una gigantesca tina de 56 m de diámetro por 16 m de alto, revestida en su exterior con madera de cedro rojo de Canadá, que se caracteriza por su ligereza y resistencia en exteriores. Cuando llegamos están realizando tareas de mantenimiento para que no pierda su color burdeos oscuro original y luzca esbelta e impecable en medio del paisaje.

La primera sensación cuando ponemos un pie dentro es impactante. No puedes dejar de mirar hacia todos los lados porque todo ha sido pensando al milímetro. Está dividida en dos plantas iluminadas por luz natural gracias a un lucernario octogonal abierto en el techo; En la planta superior (sala principal) ocho columnas de madera inclinadas sujetan la cubierta. El espacio está destinado a la recepción de la uva y alberga la nave de vinificación, equipada con la última tecnología. En la planta inferior, a seis metros por debajo, se encuentra la sala de barricas.

En la sala principal se sirven únicamente de la ley de la gravedad para mover la uva y el vino, desde la recepción hasta después de la fermentación. Tres filas de tinas de acero inoxidable sobre depósitos de hormigón están dispuestas de forma circular rodeando la sala. Utilizan el sistema diseñado en la bodega de Haro para el transporte no agresivo del mosto. Se trata de un sistema guiado por carrusel y OVIs (Objetos Voladores Identificados. Fue así como los bautizó Basilio Izquierdo y así se les conoce desde entonces), pequeños depósitos, que con la ayuda de un puente-grúa central logra impulsar por gravedad las uvas a los depósitos antes de la fermentación. Un sistema que además combina unas tolvas basculantes que facilitan el proceso de traslado de la uva a los depósitos (Viña Real instaló la primera tolva vertical en España) y que, entre muchas otras cosas, permite separar los distintos tipos de uva que llegan a la bodega.

Bajo el lucernario el suelo de la nave es de cristal y permite ver la sala de barricas ubicada en la planta inferior. Una original sala concéntrica donde las barricas se apilan en forma circular. Es donde se envejecen los mejores vinos de Viña Real, con capacidad para 23.000 unidades (70% roble americano y 30% roble francés). Tal como lo hicieron Leonardo o Gaudí en su momento, Mazières nos sorprende creando una ilusión óptica en la que las columnas inclinadas nos hacen pensar que es el techo el que cae, pero techo y suelo no tienen ninguna inclinación. Tómense un momento para comprobarlo porque, al principio, cuesta creerlo.

El segundo edificio, a continuación de la tina, aloja las oficinas, salas de cata y una línea de embotellado con capacidad para 12.000 botellas/hora.

El tercer edificio acoge un gran almacén para el producto terminado.

Viaje al centro de la Tierra
Bienvenidos a los calados del siglo XXI. Como en la novela de Julio Verne viajamos al centro de la Tierra. Tres años y medio de trabajo fueron necesarios para realizar dos impresionantes túneles circulares excavados en el lecho rocoso de la colina por la tuneladora del metro de Bilbao. Una envergadura de 125 m de largo, 14 m de ancho y 12 m de alto, unidos entre sí por un pequeño túnel de 3 m, en los que hay una temperatura natural constante de unos 13-15º y 80-90% humedad. Una obra descomunal. Si es impresionante descubrirlos desde arriba, a través de los ventanales, lo es más entrar en ellos y dejarte impactar por esta faraónica obra.

Un túnel está destinado al almacenaje de barricas (14.000 barricas de Viña Real Crianza, 60% americana, 40% francesa, apiladas hasta ocho alturas, lo que equivale a cinco millones de botellas) y otro al de botellas, donde se envejecen antes de salir al mercado. Las botellas se almacenan en jaulas de aluminio con capacidad para casi 600 unidades cada una, y estas, a su vez, se apilan en torres de diez jaulas de ancho por diez de alto. Hagan números… Un verdadero tesoro escondido bajo tierra.

En Viña Real trabajan constantemente en favor del arte y la cultura del vino. Durante todo el año realizan actividades que fomenten el turismo del vino, como conciertos, eventos o exposiciones, y ponen especial atención en los más pequeños de la familia para los que tienen una ludoteca siempre disponible. Durante nuestra visita disfrutamos de las divertidas barricas personalizadas por los niños de los últimos colegios que habían realizado el taller de Vendimia Infantil.

Por último, no queremos olvidarnos de su atractivo mirador. Un espacio abierto al pie de los viñedos desde el que poder contemplar sus privilegiadas vistas de día o disfrutar de la noche en su Cata de las Estrellas. Una experiencia única en la que degustar sus excelentes vinos a la luz de las estrellas.

Terminamos nuestro recorrido visitando la tienda y catando Pagos de Viña Real, un vino de Alta Expresión, y Viña Real Gran Reserva 2011. Este ha sido otro de nuestros ‘momentos’ CVNE.

Si quieren conocer la historia de los Viñedos del Contino, atentos a nuestra próxima escapada!

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