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Rocambolesc: helados joya salidos de la mente de Jordi Roca

Mª Carmen González

Rocambolesc es magia. Es un viaje dulce a la infancia; un reencuentro con Willy Wonka y su fábrica de chocolate. Pura alquimia capaz de convertir sorbetes, toppings, masas de helado y cucuruchos en toda una joya. Rocambolesc es la versión helada de algunos de los postres más conocidos de Jordi Roca; la ventana dulce de El Celler de Can Roca, una manera de acercar su magia culinaria al gran público.

Entrar en Rocambolesc es un placer para los sentidos. El primero, el de la vista. Un gran carrito de helados, numerosos toppings de alegres formas y colores, tuberías en rojo y blanco que evocan bastones de caramelo, junto a manivelas de colores que nos recuerdan la  Fábrica de Chocolate del cuento y la película, nos dan la bienvenida.

El placer del sabor está asegurado. Brioches calientes con helado en su interior; polos de sugerentes formas, exóticos sabores y punto ‘freak’; sorbete de violeta; peta-zetas; rocas de miel; algodón de azúcar; nubes de flor de azahar…un mundo de opciones para componer auténticas obras de arte, una explosión de color y sabor en forma de helado. De helado artesano y con ingredientes naturales.

Rocambolesc surge de la mente de Jordi Roca. El pequeño de la saga, encargado de la parte dulce de El Celler, se ha declarado siempre un adicto a los helados. Hace unos años decidió hacer realidad su sueño de tener una heladería y, junto a su mujer, Alejandra Rivas, fundó Rocambolesc.

Su idea inicial era vender helados en un carrito por las calles de Girona, pero aquí se toparon con con las limitaciones de la normativa municipal, así  que decidieron aparcar el carro en un local céntrico de la ciudad. Es de esta manera como nació Rocambolesc. Hoy en día son cuatro las heladerías de las que disponen en todo el país: Girona, Platja d’Aro, Barcelona y Madrid.

Visitamos la de Madrid, situada en la séptima planta de El Corte Inglés de Serrano. Un ascensor panorámico nos lleva al cielo de la capital para degustar unos helados -nunca mejor dicho- de altura. Sus compañeros de viaje en esta planta no tienen desperdicio: StreetXo, de Dabiz Muñoz, y Salón Cascabel, de Roberto Ruiz. Es Rocambolesc quien se ‘encarga’ de la parte dulce de estos dos restaurantes. Si optamos por salir a la terraza, la experiencia será completa.

En la heladería nos encontramos con un gran equipo humano capitaneado por Maira Delgado, que con su simpatía nos recomienda las mejores combinaciones de sabores y toppings, aquellas con más esencia Roca. Y es que uno puede unir alegremente sabores y toppings a su elección o puede decantarse por aquellas combinaciones de ingredientes que provienen directamente de un postre de Jordi Roca.

Así, por ejemplo, el helado làctic, con dulce de leche, confitura de guayaba y algodón de azúcar, está inspirado en el famoso Postre Làctic de Jordi Roca; el sorbete de coco con violeta, con fresa, rocas de miel y nube de violeta, recuerda al Macarón de coco y violeta de El Celler, o el helado de manzana al horno, con toppings como manzana caramelizada, manzana cocida y galleta de mantequilla, está inspirado en la Manzana de Feria del famoso repostero.

Todos los helados de Rocambolesc son artesanales y los purés están elaborados al cien por cien con frutas naturales. Incluso el algodón de azúcar es blanco para evitar el uso de colorantes. Disponen de bases de helado sin gluten, y de varios sorbetes, sin leche, para aquellos intolerantes a la lactosa. Además, cada topping indica el número de calorías que contiene.

Normalmente, en tienda tienen seis sabores que cambian según temporada. Además, se elaboran helados especiales para ocasiones… especiales. Así, por ejemplo, la heladería madrileña dispuso en las pasadas fiestas de San Isidro de un helado de rosquilla, con polvo de barquillo, una rosquilla tonta como topping y salsa de vino Pedro Ximénez.

El producto estrella es el ‘panet’, un brioche que se rellena de helado, con sus toppings correspondientes, y se lleva a la plancha. Exterior caliente y corazón helado. “Es increíble; desde que lo probé me robó el corazón”, cuenta Maira.

Además de los helados en tienda, con una treintena de toppings (fresas, cerezas, peta-zetas de chocolate, azúcar de mandarina, nubes de violeta, sésamo garrapiñado…) también disponen de una amplia gama de sabores en tarrinas para llevar, como de parmesano, dulce de leche, rosas, espárragos y trufa, magdalena, mojito o manzana al horno, entre otros.

En Rocambolesc también tienen polos muy especiales y con un punto ‘freak’, como Helado Oscuro, un sorbete de arándanos y vainilla con forma de Darth Vader; los polos felices, con vela incluida para celebraciones, o el Rocanas o Rocatocha, de fresa con agua de rosas, realizado con el molde de la nariz de Jordi Roca. Además, cada ciudad tiene sus propios polos, como el dedo de Colón en Barcelona, el cul de la leona en Girona, o el oso, con sabor a madroño y melocotón, en Madrid.

Pero no solo tienen helados en Rocambolesc, también disponen de chocolates, chocolatinas, libros de cocina o incluso perfumes inspirados en los postres Roca. También te puedes llevar un kit, con instrucciones incluidas, para preparar en casa el famoso Postre Làctic.

En definitiva, un mundo de sensaciones, y un placer para el paladar. Apto para todos los públicos.

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Un comentario en El Veles vuelve a sonreír

Paula Sintes el 14 Junio, 2016 a las 3:28 pm:

Enhorabuena! Siempre es una satisfacción revivir un edificio “antiguo” y,éste, sin serlo,se veía amenazado de muerte prematura. Para cuándo el bautizo, o,mejor dicho, la confirmación?

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