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Sequer lo Blanch y la chufa: “Nuestro Tesoro”

José Antonio López
Me he dado prisa en acudir a la cita con mi admirado José Antonio Belloch. Hacía tiempo que habíamos quedado y, por una u otra razón, no habíamos coincidido. Nos encontramos a mediodía y nos dirigimos a esa maravillosa “isla entre campos” llamada Sequer lo Blanch. Recuerdo una frase de esas que merecen mármol y que me dijo una vez mi anfitrión: La huerta es la hija del mar. No hay agricultores ni pescadores. Unos van en barca y otros en tractores”.

José Antonio sabe respetar los silencios. Me voy “haciendo grande” camino del lugar, atravesando esos campos benditos de Alboraya y disfrutando de una luminosidad indescriptible y de un lejano aroma a hierba mojada. En la última curva entramos en Sequer lo Blanch y quedo, aún en silencio, recordando las dos terrazas, la gran casa, el piso superior donde se “mima la chufa” y se le da vueltas y vueltas hasta que alcanza el momento óptimo. Las huertas vivas que rodean la propiedad y que surten, diariamente, de las verduras al restaurante…

“Poco ha cambiado desde la última vez que estuviste aquí. Sólo lo imprescindible para hacer el local más cómodo y atender mejor al cliente y al amigo, que aquí, gracias a Dios, tenemos muchos”.

Vamos andando hacia el restaurante y vamos recordando una historia ya conocida, pero no por eso aburrida. De cómo el origen familiar viene de Jaime I y aparece en los libros del Furs y del Repartiment y que la fidelidad de la familia al Rey les trae como recompensa la concesión de la alquería Cremà situada donde ahora está el campo del Levante y que fue donada a la familia paterna Belloch. Por otra parte, la alquería Sequer se la dan a la familia Giner/Aguilar, la madre.

Le digo a José Antonio que con lo viejo que es se mantiene muy joven y me recompensa con una carcajada que es risa contagiosa y que eleva el tono cuando me recuerda que, entre sus clientes habituales estaban Calvo Sotelo y Blasco Ibáñez… sin comentarios.

Siempre se ha dedicado, la familia, a las labores del campo y, sobre todo, al cultivo de la chufa, elaboración de productos que contienen a “esta joya” y la investigación de nuevas formas de utilización de la chufa.

Con todo lo que rodea a Sequer lo Blanch José Antonio se da cuenta de que no le queda más remedio que tomar una decisión: ir a por todas o abandonar uno de los proyectos más bonitos e interesantes de nuestra Comunidad. Apuesta por el trabajo y, tras preparar un ambicioso proyecto (aquí no caben medianías) logra el consentimiento y el apoyo familiar. Desgraciadamente no ocurriría lo mismo cuando llama a la puerta de ciertas instituciones que no sólo no le hacen caso, sino que le ponen pegas.

Ver para creer.

Nuestro amigo inaugura su proyecto el 15 de julio de 2011. “Empiezo a no dormir”. En marcha el restaurante, las terrazas, las huertas, el secadero de chufa… todo a pleno rendimiento y, sobre todo, una idea inamovible en la cabeza, elaborar una cocina basada en la huerta y sus productos naturales y la chufa presente en todo.

“Tenemos que trabajar todos los días para encontrar algo nuevo y diferente. Contamos con la tremenda suerte de tener los productos naturales a un paso. Lo demás, la selección de carnes y pescados la tenemos fácil. Ahora hay que inventar, practicar, dar a probar, innovar…”.

Sin darnos cuenta hemos caído en las manos de Amparo que con magistral eficacia nos ha elegido mesa donde poder trabajar sin problemas, nos ha obsequiado con una cerveza de chufa (una Amparo, que se nota) y aparecen en medio de la mesa las bravas del Sequer. Junto a ello un pan que te saca los ojos y el incomparable all i oli de chufa.

“Queremos seguir con lo que hacían nuestros antepasados y evolucionar en los platos que nos enseñaron con la intención de que, en algún momento, serán clásicos como son los suyos ahora”.

Tres cocas, de chipirones, de verduras y de… a por ellas. José Antonio sabe que me gusta esperar para ver la evolución de la masa base. Si me descuido me quedo sin probarlas. Prueba superada.

“Jugamos a la sorpresa en cuanto a la elaboración del producto dominando los tiempos y las formas”.

Me llama la atención la ensalada valenciana “no la mezclamos. Como verás está todo en el mismo plato y tú vas mezclando según tus gustos. Además, hay productos que cortamos de una manera especial para que sean atrayentes a los niños y que se acostumbren a comer verduras”. Todo un detalle a favor de los más pequeños.

“Yo creo que la cocina es sentido común, pero siempre hay que estar dispuestos a aprender”.

Pues si es sentido común es muy abundante porque acaban de traer una cazuela de arroz con calabaza, costillas de cerdo y morcilla en la que puede comer un regimiento.

Sorprendente y emocionante. José Antonio se alegra de que me guste “has de probar el arroz de sardina de bota, cebolla y almejas. También el de pato, foie y zumo de zanahoria y también…”.

Será otro día. Es imposible comer más. Queda un pequeño espacio para probar la tarta de zanahoria que, como el resto del menú, es toda una creación y una sucesión de sensaciones inolvidables.

Está cayendo el sol y se produce otro de los momentos imprescindibles de disfrutar en Sequer lo Blanch. Hay puestas de sol famosas y maravillosas, esta, la que disfrutamos ahora, es úna de ellas. Será famosa.

Mi último vistazo es para el comedor donde hemos pasado las últimas tres horas. Espacioso, luminoso, típico. Creado por las manos de José Antonio. Con su pequeña tienda de la que me llevo una berenjena de sus campos, encurtida durante un año. No te puedes ir sin comprar algo más. Arriba descansan las mimadas chufas.

No hay despedida. Un hasta pronto porque nos queda mucho por escribir.

Como digo, será pronto.

Pueden disfrutar de Sequer lo Blanch de miércoles a domingo. Tienen un menú diario a partir de 12,50€. A la carta se puede comer a partir de 22,00€. Su dirección: Camino Hondo, 23 Alboraya. Su teléfono 672 782 700.

Gracias, José Antonio. Tocayo y amigo.

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