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Ultraligero: el primer vino de sed valenciano

13 febrero, 2019

Jaime Nicolau
Hoy el día comienza de una manera especial. Hemos quedado con Marta Valsangiacomo para conocer un nuevo proyecto de una firma que no para de sorprender. Son las 9 de la mañana y nos espera nuestra invitada puntual a la cita. Lleva en la mochila un nuevo proyecto que quiere que conozcamos y, a su vez, que le transmitamos nuestro feedback. Se trata de Ultraligero, el vino de sed de Valsangiacomo. La limpieza de su etiqueta y la imagen ya dan una idea de que no es un lanzamiento más. Marta comienza a hablar emocionada con lo que cuenta. Con esa pasión consigue que Ultraligero nos atrape y todavía no lo hemos descorchado. El tapón de corcho ya transmite la seriedad que hay en el producto. Un vino de sed, fácil de beber, con una elaboración exquisita y un color… un color precioso que llevó de cabeza a nuestro compañero Fernando hasta que fue capaz de plasmarlo en una fotografía para que los lectores no se perdieran ese espectáculo.

¿Por qué un vino de sed?

Empieza a ser tendencia el vino que refresca y que quita la sed, ligero y con mucha personalidad. Es un movimiento de moda. Un vino que sirva, como antaño y como hoy en algunas zonas francesas, para combatir la sed. El Vin de Soif. ¿Y qué son? Pues vinos ligeros en contenido alcohólico, muy frutales y que se beban casi solos por ser tremendamente agradables para los sentidos. Qué fácil y a la vez qué complejo. 

Pues eso es Ultraligero, la última creación de Bodegas Valsangiacomo. Algo más de 6000 botellas de un tinto de 12 grados y del que te beberías una botella sin darte cuenta. Un vino de espectacular color violáceo, afrancesado, que es pura fruta, con una acidez perfecta y que invita a seguir disfrutando. “No hacemos otra cosa que no sea escuchar al mercado. Creemos que es lo que el público está demandando. Tener un vino que sirva para calmar la sed, algo para lo que ahora mismo miramos a otros productos. Se trata de simplificar pero con un producto de mucha calidad”, señala por teléfono Carlos Valsangiacomo, CEO de la firma. “La comida cada vez es más ligera y con productos menos alterados, nos cuidamos más, hacemos más ejercicio… pues aquí tenemos un vino perfecto para todo eso”, añade.

Y para lograr unir esas dos tendencias, un vino que calme la sed pero que a la vez tenga toda la calidad de un producto cuidado, en Valsangiacomo han trabajado con una Pinot Noir de Fuenterrobles, a unos 800 metros de altitud, y una Garnacha de Siete Aguas, a 700. Elaborados por separado. “Con la Pinot Noir trabajamos como con un rosado, enfriando el mosto yema durante 5-6 horas. Muy despacio y todo con sumo cuidado. Con la Garnacha también maceramos en frío a 5-6 grados y pasa a tina de madera donde realiza la fermentación. Después elegimos el coupage en el que pesa más la Garnacha”, cuenta Vicen García, del departamento técnico de la firma, que ha sido la segunda llamada del día antes de catar el producto con Marta.

“No queremos quedarnos nunca parados. Tenemos que escuchar el mercado. Hemos pasado de la tendencia de vinos con mucha concentración a vinos ligeros, suaves y fáciles de beber pero que a la vez tengan personalidad y sean capaces de transmitir”, añade también al otro lado del teléfono Modesto Francés, enólogo de Valsangiacomo.

El resultado es un vino que en su ficha de cata reza lo siguiente: “Entra sin sentir. Refresca más que el agua. Con una botella es poco. Suave. Refrescante. El que me gusta para beber. Me bebo una botella yo solo. ¿Este concepto es de otras latitudes? Sí, Francia. Este vino está muy, muy ligero. Quiero más. No dejo la copa, que me la quitan. Ultraligero: el vino que vuela (por que se acaba)”. No son hashtags, aunque bien podrían serlo. Son las frases de los trabajadores de la bodega cuando lo probaron. Son reacciones espontáneas de la gente. Son, al final, las demandas del mercado.

Y es aquí donde comenzamos a catar el vino. Marta nos mira dispuesta a repetir el ejercicio realizado con los trabajadores de la bodega. “Entra como el agua”, señala nuestro compañero Fernando que se ha perdido la parte de la ficha técnica, con lo que no sabe que es una de las frases que la componen. “Tiene algo de un gran rosado”, comenta Isabel y acierta, pues la Pinot Noir está trabajada como tal. “Me lo imagino en la barra de un bar, ganando la batalla a la cerveza porque de verdad te sacia la sed”, añado yo. Pero la verdad es que casi todo lo que reza la ficha de cata valdría. Porque son poco más de las 11 de la mañana y la botella, tal y como aportaba Modesto en esa cata interna que realizaron, ha volado. Ese es el gran valor de un vino que va a dar mucho que hablar. Si no, al tiempo.

Estará a la venta en tiendas especializas y en hostelería. Tiene un precio recomendado que ronda los 15 euros. No se duerman si quieren probarlo, pues no habrá más hasta la siguiente añada. Nosotros ya lo hemos hecho. Con el mismo ejercicio que realizaron en la bodega. Es un vino sorprendente, refrescante, que la botella vuela aunque sean las 10 de la mañana. Un producto tratado con una sutileza tal que te enamora simplemente con verlo, pero que al probarlo te refuerza en todos los puntos que argumenta. El vino de sed ha llegado para quedarse.

 

 

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