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Déjate seducir por el mundo del vino

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¿Comprarías el arroz (muy poco) más caro para salvar el planeta?

David Blay Tapia 

Muchas veces la grandilocuencia de los objetivos mundiales se nos hace demasiado cuesta arriba. Y pensamos que no tenemos la capacidad de generar cambios en nuestro entorno. Que para eso deberían actuar (que no lo hacen) los políticos. O tendríamos que crear más Gretas Thunberg que protestaran por nosotros.

También nos llenamos la boca acerca de los productos de Kilómetro Cero o de proximidad. Y los consumimos, a veces, pero adquiriéndolos en supermercados. Sin demasiado beneficio para quien los cultiva, todo sea dicho. Aunque luego firmemos en Change.org porque los agricultores deberían cobrar más por su trabajo.

La cesta de la compra, cualquiera, supone un alto gasto en las familias. Y las ofertas o la rutina facilitan mucho, en tiempos donde apenas disponemos de minutos para dedicar a pensar qué adquirimos y cómo lo cocinamos, el hecho de automatizar el proceso.

Pero hay productos cuyo coste se incrementa mínimamente si se buscan por otras vías. No deja de ser curioso que las frutas o la carne la sigamos buscando en establecimientos particulares porque no nos convencen en los ‘macro’, pero el arroz, las legumbres, la sal, el azúcar o las especias los seguimos incluyendo en paquetes cuyo contenido acabamos tirando con el tiempo.

Casi toda mi generación ha ido con sus madres a los pequeños comercios, aunque también fuimos los pioneros de hacer la compra del mes en el Continente (hoy Carrefour, para los millenials). Y algunos de nosotros han vuelto no solo al tránsito de local en local para optimizar la comida, sino incluso a regentar establecimientos como los que veíamos de niños.

Un ejemplo (aunque hay muchos más) es Granel Valencia en la calle Albacete. Un barrio habitualmente familiar, con parques y colegios, sin apenas oficinas y donde conviven hasta cuatro generaciones distintas de personas, sobre todo en su cercana Finca Roja.

Regentada por Amparo Sorolla, su diferencia de concepto con las cada vez más numerosas tiendas que comienzan a proliferar en la ciudad es el hecho de haber trabajado desarrollando y ejecutando proyectos de educación ambiental, por lo que todo lo que ofrece no solo es ecológico sino también libre de plásticos.

Pero además suma que ya lleva cuatro años en funcionamiento, poniendo entre sus éxitos de ventas los arroces de La Albufera, legumbres nacionales, nueces y copos de avena. Generando un pequeño cambio en un pequeño reducto de la urbe para extender un modelo que, por lo que parece, no solo es sostenible alimentariamente sino también como modelo de negocio.

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