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Déjate seducir por el mundo del vino

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Cuando creía que la piscina de El Chalet era inmensa

David Blay Tapia
Hay lugares comunes que no solo te devuelven a tu infancia si has nacido en Valencia o sus cercanías, sino que descubres qué tienes en común con muchos de tus coetáneos porque se han convertido en sitios de paso para ellos al menos una vez en la vida.

Rara es la persona en la Comunitat que no ha pasado como mínimo un día de su vida en Cullera. Donde la variedad gastronómica, todo sea dicho, no tiene nada que ver con las excelentes ofertas de Gandía, Denia o Jávea. Pero donde a la vez persisten refugios que acumulan ya décadas a sus espaldas y han visto pasar hasta tres generaciones por sus impertérritas mesas.

Pocos, muy pocos restaurantes tienen dentro una piscina. Y menos todavía aúnan esta circunstancia con el hecho de ubicarse en primera línea de playa. Quizá porque la mayoría no van, además, asociados a un hotel que puede parecer pequeño, pero que sigue funcionando después de muchísimos años y una reforma integral realizada en 2008.

El Faro es un pequeño pueblecito que alguna vez fue de pescadores justo al lado de las arenas principales de la población. Y en la denominada Bahía de los Naranjos se erige El Chalet como lo que una vez fue, pero acrecentado por la figura vertical de su edificio con 21 habitaciones de mirada directa al Mediterráneo.

Allí, como mucha gente de la zona sabe, su terraza ha acogido innumerables sobremesas y desde hace mucho es considerado uno de los mejores lugares de la zona para tomar arroz. Todo sea dicho, con salvedades de nivel dependiendo del que se elija, acertando en mayor medida si se reserva con antelación y mirándolo con los ojos de antaño. Esos que ven normal una paella donde cabe una cucharada entera y no el dedito raspado tan de moda.

Como niño el enclave no tiene precio. Si tus padres acuden antes a tomar el aperitivo directamente desde la playa, tienes una piscina (que irá menguando en tu cabeza a medida que te hagas mayor) a tu entera disposición. Cuando comas, puedes volver si son lo bastante modernos para no creer ya que la digestión dura dos horas. Y, en caso contrario, bajando las escaleras tienes un parque, palmeras y el mar a la vista de tus progenitores.

Vaya por delante que, pese a disponer de un menú degustación con entrantes sugerentes y una variedad enorme de arroces, la elaboración y presentación no son las que podría esperar un perfil gourmet de alto nivel. Pero lo cierto es que combinaciones como el de col y bacalao o la paella tradicional tienen muy buen sabor a un precio bastante recomendable.

Lo que no falla nunca es la sensación de que un lugar erigido en 1973 siga funcionando. Apueste todavía por lo tradicional. Y consiga, en medio de una población que decrece en alto número tras el verano, continuar viviendo con salud y reclutando tanto a viejas familias como a nuevos visitantes.

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3 comentarios en Cuando creía que la piscina de El Chalet era inmensa

Modesto el 10 octubre, 2019 a las 7:13 pm:

Muy cierto.
He tenido la suerte de vivir en el faro toda mi infancia y vivía entre mi casa y el chalet ya que me he criado con esta familia que la considero mía
Mi familia,
Tio Pepe, Tía Emilia, Pepito, Juan Andrés, Emi y Ana.
Os quiero un montón.

Tico el 10 octubre, 2019 a las 10:44 pm:

Fantastico lugar vistas preciosas y un trato fantastico
El all y pebre de langostinos y rape buenisimo

. el 11 octubre, 2019 a las 3:12 pm:

La verdad que los que hemos estado allí desde siempre nos hemos sentido como en nuestra propia casa

Lola y Placido

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