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Reservas de memoria

25 marzo, 2019

Un oficio ancestral. Colmenas trashumantes. Pueblos cargados de historia y rodeados de una naturaleza mítica. Atravesamos el último tramo de la N-330 por el Valle de Ayora-Cofrentes

Texto: Rubén López Morán Fotografía y vídeo: Fernando Murad / Vicent Loop
En Jarafuel existía una fuerte industria artesana de transformación de las varas del almez. Se confeccionaban horcas, cayados y bastones de calidad, astiles, mangos para herramientas o radios para ruedas de carro. Por entonces en cada casa había un horquero. Ese era el nombre de un oficio. Unas horcas que se empleaban para separar el grano de la paja; para varear los olivos; y sarmentar los campos de vides tras la poda. Una labor que se hace justo ahora, cuando acaba el invierno y la primavera está doblando la esquina. Cuando la viña despierta de su letargo invernal y se le despuntan los sarmientos para que sus pulgares comiencen a verter savia. Unas lágrimas que los agricultores denominan metafóricamente ‘el lloro’.

Taller Amadeo Martínez
En la actualidad, en Jarafuel ya no existe una fuerte industria artesana. Lo que existe es la resistencia heroica de dos o tres artesanos que siguen trabajando el almez como lo hacían sus antepasados. Entre ellos los hermanos Martínez, Amadeo y Celestino; y sus hijos, José Luis y Sergio. La saga familiar que trabaja en el taller “Amadeo Martínez. Artesanía de bastones y horcas”. Y que se encuentra justo en el punto kilométrico 125 de la Nacional-330. Hacia allí nos dirigimos. A dejar constancia de un oficio arraigado a la tierra desde los moros. Que cultivaban los almeces o lidoneros en los márgenes de las huertas como sujeción de los ribazos de piedra. Y que todavía hoy pueden ser vistos como los contrafuertes de una iglesia. Hacia la Cuesta del Jano se desplazan los hermanos Martínez e hijos junto con el viajero para pasear entre los más antiguos del término. Alguno de ellos varias veces centenario, plantados seguramente por los moriscos que vivían en Jarafuel antes de su infausta expulsión en 1609.

Los hermanos Martínez, Amadeo y Celestino.

Amadeo y Celestino con sus hijos, José Luis y Sergio.

La historia como la niñez está hecha de sabores y texturas. Y de las palabras que nombran a unos y otras. Escuchar a los hermanos Martínez mientras confeccionan una horca es una lección de historia ancestral en vivo. Amadeo coge la rama de almez y la introduce en el horno para cocerla; y una vez cocida, la pela con el “oncete”; le rectifica el rabo en el potro; y una vez derecha utiliza el “torcador” para enderezarle los dientes; y con “las cucas” y unos cordeles, les proporciona la separación justa; para finalmente, con la aplicación del “trasto”, un artefacto compuesto de “una almaera” y un palote, la curva.

En la actualidad las horcas se compran generalmente para decorar las casas. De ahí que el taller haya tenido que renovarse. Su oferta de bastones, cayados, muletillas y varas para hacer senderismo o como báculo para emprender el Camino de Santiago, son la obra de unas manos que parecen hechas de la misma madera que trabajan. Manos duras, flexibles, cargadas de experiencia y sabiduría. Una experiencia y sabiduría transmitida generación tras generación que les ha permitido seguir ganándose la vida en el Valle de Ayora-Cofrentes. Y no abandonarlo. Al fin y al cabo, los hombres son los contrafuertes donde descansa la vida de los pueblos. Sin ellos todo se derrumba y termina siendo pasto de las hierbas y el olvido.

Colmenar de Ayora
La Nacional 330 es un reservorio de memoria. Debería estar protegida dado los usos y costumbres que atesoran sus márgenes. Como el que nos lleva hasta Ayora. En concreto, al Colmenar de Ayora. Si nos han informado bien, “su colmenera”, Mercedes Sáez Ávila, vende miel a granel como lo hacía su madre, Asunta Ávila. Siendo ya la cuarta generación de apicultores. Recolectan hasta siete clases de mieles producto de sus abejas trashumantes. A saber: romero, tomillo, mil flores, azahar (limón), retama, espliego y eucalipto.

Mercedes Sáez Ávila del Colmenar de Ayora.

Esta primavera sus colmenas regresarán de Murcia, donde han pasado los meses fríos, y las trasladarán al Macizo del Caroig, para que participen activamente de la floración del romero. Para que se posen en sus flores azul violáceo y saboreen su néctar. Si uno pasea con el alma atenta por el Valle durante estos meses podrá escuchar perfectamente su libar. Un bisbiseo que a lomos del viento recorre las montañas del interior de Valencia. Eso es lo que se lleva el viajero en su tarro de miel. La miel que dentro de un rato saboreará con el postre de la comida. Pero no corramos tanto. Que en la Tourist Info de Ayora espera Paqui Ruano García, para contar todas las maravillas que guarda esta villa como oro en paño.

Paqui Ruano García, guía oficial de turismo de Ayora.

Tourist Info Ayora-Cofrentes
Lo primero que sorprende al viajero nada más pisar las calles son los carteles de “For Sale” colgados de algunas casas. ¡El 20% de la población de Ayora es extranjera! Y de fuerte acento británico para más señas. El porqué es de cajón. Buscan el buen tiempo, la tranquilidad y estar rodeados de naturaleza. Y si además, estás cerca de la costa y de una gran ciudad, apaga y vámonos. Se han adaptado muy bien, continúa Paqui. Son muy respetuosos y se preocupan de todos los aspectos de la vida ayorense, añade. Una vida que se palpa con solo pasear por la Plaza Mayor, la calle Empedrá, o por el Barrio de los Altos o antigua morería. Teniendo como punto de encuentro La Lonja; una pequeña joya de aires modernistas; un tinglado de cubierta de madera apoyado sobre 12 columnas de hierro forjado; el centro de Ayora junto con la portada renacentista de la Iglesia Parroquial de Nª Señora de la Asunción. Alrededor del cual se celebra El Primer Corte de la Miel, que este 2019 va ya por su XIX edición. Apunten estas fechas: del 11 al 13 de octubre.

Una feria consagrada a la Apicultura. No en vano, uno de sus grandes atractivos, aparte de todos las paradas de los productores locales, es su gran urna de cristal con colmenas en su interior donde los apicultores entran y reproducen su trabajo desde que se instala la colmena hasta el momento de la extracción, que posteriormente dan a degustar entre el público. Una excusa perfecta para comprar miel con denominación de origen, así como sus productos derivados, como la jalea, propóleos, dulces y cosmética; y por añadidura, conocer la ciudad y el Valle. De visita obligada –consultar horarios en Tourist Info–; las pinturas rupestres del Abrigo de Tortosilla, Patrimonino de la Humanidad, así como el poblado íbero de Castellar de Meca.

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Sin olvidar la oferta de las poblaciones vecinas de Jalance y Cofrentes. Ambas provistas de Oficinas de Turismo donde les suministrarán información precisa de qué ver y hacer. Como por ejemplo visitar la Cueva de Don Juan, un ejemplo de las maravillas que esconde el subsuelo calizo; o ascender al único volcán censado en tierra firme de la Comunidad Valenciana: el del Cerro de Agras. Extinguido hace 2’5 millones de años y que tiene justo enfrente el pitón basáltico donde se encaraman el castillo de Cofrentes y el pueblo a sus pies. Teniendo como fosos naturales los cursos de los ríos Júcar y Cabriel: donde mezclan sus aguas y por tanto sus destinos.

Carnicería Amadeo
El destino del viajero pasa en cambio por la Carnicería Amadeo, Especialidad en Embutidos y Jamones, en Jarafuel. Debe de recoger el encargo que le han hecho David Burgos y Rocío Martínez; el matrimonio que regenta el Restaurante El Molino desde hace diez años. Sus deseos son órdenes para él. Sobre todo cuando la vianda que le tiene reservado Amadeo le pone las cejas como dos acentos circunflejos. Colmando la bolsa de longanizas, chorizos, morcillas, guarras, palomos, y chuletas de cordero lechal. Todo artesano, como lo hacía su abuela años ha. Y con el sello de calidad que lo certifica. No de los años ha, porque eso es imposible. No hay sello que certifique el fresco aroma con tenues acentos a pimienta, pimentón y clavo que exhalan por ejemplo los palomos. Que ya se encarga el viajero de que vayan volando a la parrilla de Rocío. Es la hora de reponer fuerzas. De darse un homenaje. Como el que le tiene preparado el matrimonio Burgos-Martínez.

Propietarios de Carnicería Amadeo.

Hostal Restaurante El Molino
Un homenaje que comienza como mandan los cánones de la buena mesa. Abriendo un vino que honre la ocasión. Un Bassus de Bodegas Hispano Suizas. Un Pinot Noir marca de la casa Pablo Ossorio y cia. Un berciano que ha hecho de la Denominación de Origen Utiel-Requena su particular reino de taifas. Un tinto que no defrauda las expectativas. Y que va como anillo al dedo a la minuta que han preparado Rocío y David con todo el cariño y esmero que las gentes del Valle son capaces de ofrecer. Que es tan amplio y sincero como sus márgenes. Una vez entregado el encargo: el embutido y las chuletas que marcarán el clímax de la comida, Rocío y David han preparado unos entrantes que son unos guiños constantes a los productores locales.

David Burgos y Rocío Martínez del Hostal Restaurante El Molino, Jarafuel.

Un queso frito acompañado de una confitura de tomate elaborada por Jalancina Nature S.L; tiras de berenjena hechas a la miel y romero; y un revuelto de morcilla con piñones espolvoreado con sal Maldon. Y tras este pequeño subidón de aromas y texturas a monte mediterráneo llegan las patatas al montón acompañando el embutido y las chuletas de cordero de Amadeo, que se han estado haciendo a la brasa. De postre una delicatessen: Yogur Natural de Cabra de la Quesería Artesana Vega de Ayora. Endulzado con la miel de romero del “Colmenar de Mercedes” y coronado de nueces troceadas.

Ahora tal vez entiendan un poco mejor el porqué del 20% de población extranjera. Sobre todo en verano, cuando el Hostal Restaurante El Molino abre la terraza que cubre un delicado emparrado. Si cenas fuera, observa Rocío, con rebequita. Por el día, en cambio, de cabeza a la piscina municipal, que está pared con pared con el restaurante. Además, el restaurante dispone de 6 habitaciones sencillas, como nosotros, apostilla David, donde hacer noche si atraviesas este último tramo de la Nacional-330 a su paso por un Valle que atesora en sus márgenes auténticas reservas de memoria que conocer, admirar y proteger.

DATOS DE INTERÉS
Amadeo Martínez. Artesanía de bastones y horcas
www.bastonesyhorcas.com

El Colmenar de Ayora www.elcolmenardeayora.com

Ayora Turismo C/San Francisco s/n Telf. 961 89 06 58 / 676 54 61 10 www.ayora.es

Tourist Info Jalance www.jalance.es

Tourist Info Cofrentes www.cofrentes.es

Cueva de Don Juan (Jalance) www.cuevasturisticas.es

Abrigo de Tortosilla Pinturas Rupestres. Visitas a través de la Oficina Tourist Info de Ayora.

Castellar de Meca Poblado Íbero Ruta dels Ibers València www.rutadelsibersvalencia.org

Carnicería Amadeo. Especialidad en Embutidos y Jamones. C/ Juan XXIII nº 6. T. 962198130 / T. 961899008 Jarafuel (Valencia).

Hostal Restaurante El Molino T. 962 19 81 53 / 676 86 78 73 http://el-molinojarafuel.eltenedor.rest/

Bodegas Hispano-Suizas www.bodegashispanosuizas.com

Jalancina Nature S.L www.jalancina.com

Quesería Artesana Vega de Ayora Finca Casa de la Torre, s/n Ayora. T. 645 78 90 96 / 673 786 613 www.quesosdeayora.com

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