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Viaje a ‘Un Mundo Aparte’

8 marzo, 2019

Vueltas de horizonte. Castillos enriscados. Aldeas perdidas y caminos de herradura. ¡Bienvenidos al territorio de la comarcal CV-428 y sus acólitas: las PENVA!

Texto: Rubén López Morán Fotografía: Fernando Murad Vídeo: Vincent Loop

Existe un lugar en la geografía valenciana capaz de convocar todos los puntos cardinales. Donde el viajero puede girar como una peonza y atiborrarse de horizontes que tienen por bóveda el firmamento. Un lugar que bien podría ser el patio de recreo de los dioses olímpicos. Donde el mismo Zeus forjaría a gusto sus rayos para hacer astillas el cielo. Un cielo que igual se cubre de nubes de púrpura marina, preludio de tormentas ciclópeas, que de un azul purificado, listo para un sacrificio. Hablamos de un confín, de ‘Un Mundo Aparte’. Por esta razón, para llegar hasta él conviene ir bien pertrechados. Con los neumáticos en perfecto estado y los depósitos de gasolina llenos. Y acto seguido, echar mano de la biodramina, porque vienen curvas, tantas como nos tiene reservada la vida.

Y es que la CV-428, que une las localidades de Buñol y Cortes de Pallás, se las trae. Reuniendo ella sola todos los accidentes orográficos conocidos: barrancos, cañones, desfiladeros, valles, muelas y montañas, muchas montañas. Las PENVA, antiguos caminos de herradura usados entre aldeas, que en su día fueron asfaltados por el Plan de Emergencia Nuclear Valenciano, de ahí su acrónimo, les quitarán el hipo. Calzadas que exigen los cinco sentidos. Cortadas a pico sobre el foso que ha excavado el río Júcar a su paso por la Muela de Cortes. Hacia su cumbre nos dirigimos. Una peana calcárea de dimensiones inverosímiles. Un altiplano de 20 kilómetros de ancho por 30 de largo. Nos han hablado de un mirador que domina un paisaje olímpico. Pareciendo entonces nosotros también dioses y no hombres. Integrantes de una expedición argonauta.

Vueltas de horizonte
Allí, en el mirador del Francho, nos espera Miguel Aparici Navarro, cronista oficial de Cortes de Pallás desde 1993. Un hombre por el que viajero siente un profundo respeto. No solo porque es una enciclopedia andante, sino por su insaciable curiosidad por lo que le rodea. Una pasión que comparte mientras señala con el dedo el milagro de lo circundante. Al viajero le brillan los ojos ante una vuelta de horizonte que abarca la Sierra Calderona, los Serranos, la Sierra Martés, la Plana Utiel-Requena, la Sierra del Boquerón, el Valle de Ayora, la Canal de Navarrés, el Macizo del Caroig, la Serra de les Agulles, el Mondúver, y tantos otros hitos que conforman su geografía doméstica, y que Miguel desmiga sobre este altar votivo. Vigilado por el castillo de Xirell que, como asegura Miguel, si el conde Drácula hubiera tenido que residir en la Comunitat Valenciana, en ningún rincón se habría encontrado tan a gusto como en ese enriscado y apartado castillo que parece tallado y medio fundido en la muela que corona.

Miguel Aparici, cronista oficial de Cortes de Pallás.

El Castillo de Xirell.

Barranco de la Barbulla
Si la anterior vuelta de horizonte fue una lección de Geografía, la que nos ofrece el mirador de la Barbulla es una de Historia. La historia de unos pobladores que fueron expulsados un 22 de septiembre de 1609. Hablamos de los Moriscos y de las huellas que dejaron en el paisaje. Una memoria por la que Miguel Aparici siente especial veneración. Sobre todo en el Barranco de la Barbulla, un vergel, un oasis, como no se cansa en repetir. Un repliegue de la Muela de Cortes escalonado de arriba abajo de huertecillas históricas. En invierno los almeces muestran desnudos sus grises espinazos. Tocones centenarios que remiten a una industria artesana que transformaba sus ramas en horcas, cayados, bastones, mangos para herramientas y radios para ruedas de carro. Una manufactura que persiste aún en Jarafuel, en el vecino valle de Ayora. Esta primavera, “los lidoneros” volverán a lucir sus hojas esmeraldinas. Y el agua se precipitará locuaz en las cascadas, conversará animadamente en las acequias y meditará callada en las albercas. Un paseo hoy más accesible que nunca gracias al recién estrenado Sendero Adaptado de la Barbulla.

RESERVA ZERO
Cortes de Pallás no es ajeno a uno de los problemas más graves del interior valenciano: la despoblación. No en vano, en el siglo XIX se le llamó el “Desierto Valenciano”. Un título motivado por la falta de brazos, no de agua. Siendo el agua –la construcción de presas y complejos hidráulicos–, la que ha evitado a la postre que ese vacío demográfico haya sido tan profundo como el tajo que el Júcar inflige a esta plataforma geológica de 234 km2 de naturaleza indómita. Una naturaleza que ha sufrido catástrofes ecológicas de dimensiones bíblicas. La última, el incendio de 2012. Llevándose por delante 30.000 hectáreas y la vida de un piloto de helicóptero. No ha sido la única. El fuego de 1994 se cobró la vida de siete personas. Hay una placa con sus nombres en la calle Brigada del 94, en el pueblo de Millares.

Hacer de la necesidad virtud ha llevado al Ayuntamiento de Cortes a concebir el proyecto RESERVA ZERO. Una iniciativa que, con la financiación de la Asociación para el Desarrollo Rural Sostenible RURABLE, pretende fomentar la conciencia ecológica del visitante al municipio, compensando su huella de carbono con iniciativas de regeneración de los terrenos forestales que fueron arrasados en el último incendio. Y en paralelo, convertirse en un actor dinamizador del turismo local. Su responsable, Yann Javier Medina, lo explica con un ejemplo práctico. El propio visitante, a través de una plataforma digital, calculará las emisiones de CO2 de su desplazamiento y estancia, transformándolas en un número de ejemplares de especies autóctonas que será necesario plantar y cuidar durante un año para compensar esas emisiones. Esta reforestación podrá ser activa, participando directamente en las actividades forestales del proyecto Riqueza Natural, o de un modo indirecto, consumiendo en los establecimientos adheridos al proyecto. Se destinará un porcentaje de ese gasto turístico a la regeneración del espacio físico. Un círculo virtuoso, en palabras de Yann.

Yann Javier Medina, responsable del proyecto RESERVA ZERO.

Gastronomía cortesana
Al viajero y su compañero gráfico, tras la conversión de sus emisiones –tipo de vehículo utilizado, litros de gasoil–, les salía a plantar siete ejemplares de roble valenciano o quejigo. U optar por hacer noche en Casa Chema y comer en Casa Fortunato, probando de paso la gastronomía cortesana. Ya se encargarán luego los buenos de José Manuel Pardo Chicote, Fortunato Gras Navarro y su señora, Isabel Serrano, de destinar parte del importe de la habitación y el menú en la revitalización del medio rural. Así se hará en un futuro tras dar buena cuenta de una cocina de cuchara que es todo un homenaje al monte que nos rodea. En él hunden sus raíces los platos que elabora Rebeca Pérez. En especial el arroz con hierbas, la olla de pueblo, el mojete de agua, el gazpacho cortesano y las gachas. Una minuta que se acompañó de un tinto Enterizo Reserva del Grupo COVIÑAS, de la Denominación de Origen Protegida Utiel-Requena. Que como quien dice, está aquí al lado, a una vuelta de horizonte.

Una aldea perdida
Si Cortes de Pallás es la capital de ‘Un Mundo Aparte’, Otonel es una de la siete aldeas que gravita a su alrededor. Una de las más apartadas del término y que se engasta como una piedra preciosa en la cara norte de la Muela. Pisamos entonces el territorio natural de las PENVA. La que une las poblaciones de Cortes y Millares es transitable conduciendo con cierta precaución. Es lo que tienen las carreteras que se encaraman hasta la cumbre de las montañas. El desvío que conduce al Xorrador de Otonel, en cambio, se las trae. Esta calzada se precipita al lecho del Júcar y padece frecuentes desprendimientos. Según los entendidos, y los amantes de las emociones enfundadas en trajes de neopreno, es uno de los rincones más hermosos y recónditos de las tierras de interior de Valencia. Una trenza de agua barranquera de 40 metros de caída con una balsa a sus pies. El viajero da fe de ello.

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Durante el camino, los efectos de los incendios son visibles desde la ventanilla del vehículo. Las sierras están en roca viva. Ni rastro de la maquia que las cubría. De ese monte bajo compuesto de tomillos, romeros y coscojas que las protegía de la intemperie. ¿De sus espesos bosques de antaño? Ni sombra. Como responsables del incendio de 2012 se detuvo a dos personas que estaban soldando en un día de ponentada infernal. El del 94 fue causado por un rayo durmiente que despertó un 4 de julio. Una brigada forestal que huía del fuego fue alcanzada y el camión cuba que la trasladaba volcó. Cuatro de los brigadistas murieron abrasados junto al camión. Unos días más tarde, otros dos murieron en la Unidad de Quemados del Hospital La Fe. Ese fuego también segó la vida de un concejal del pueblo de Millares. Y unos días después de darse por extinguido, apareció en una cueva un pastor que había muerto asfixiado por el humo, según la noticia “Promesas en el reino de la ceniza”, publicada el 11/07/2013 en el Levante-El Mercantil Valenciano.

In memoriam
Estos son los nombres de las personas que perdieron la vida en acto de servicio. Añadimos a esta triste nómina al piloto del helicóptero que falleció en el embalse de Forata en el incendio de 2012. A la memoria de Vicente Martínez Sáez, Ángel Luis Pérez Sáez, Miguel Ángel Sáez Lorente, Arturo Amador Sáez Lluch, José Sáez Lluch, José Luis Sáez Peñarrubia, José Sáez Sáez y José Agustín Nieva Gómez.

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Datos de interés
Ayuntamiento de Cortes de Pallás www.cortesdepallas.es
Hostal Casa Fortunato Tlfs. 96 251 70 26 / 690 128 462
Hostal restaurante Casa Chema www.hostalrestaurantechema.es

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