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A las Puertas del Cielo

28 octubre, 2018

Una postal medieval en activo; un parque natural abierto a todos los públicos; y un pueblo que reúne tres culturas: íbera, islámica y cristiana. Todo en los márgenes de la carretera comarcal Cv-333.

In memoriam José Luis Peral Espí

Texto: Rubén López Morán Fotografía: Fernando Murad Vídeo: Vincent Loop / Fernando Murad
A 22 kilómetros de la ciudad de Valencia. En un valle de la Sierra Calderona que mira hacia el mediodía, se esconde un monasterio cartujo que puso su primera piedra en 1272. Ocho siglos más tarde todavía sigue en pie. Rodeado de una fértil vega y custodiado por una legión de hieráticos cipreses. En las mismas puertas un letrero pide al visitante silencio. Respeto. Porque tras sus muros de piedra vive una comunidad de frailes dedicados en cuerpo y alma al ora et labora. Una veintena la última vez que el viajero los cruzó. Hoy se cuentan quizá con los dedos de una mano. El tiempo pasa. Incluso aquí, donde parece estar detenido, en suspenso. Solo advertido cuando la iglesia de la Cartuja de Porta Coeli lanza sus campanas puntualmente por el valle de Lullén hasta que suavemente sus vibraciones se diluyen como un eco.

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Si se lo permiten al viajero le gustaría hablar en 1ª persona. De la primera vez que la vio. Siendo un niño. Traído hasta aquí por la parroquia del barrio para acampar en el corazón de la Sierra Calderona. En la partida de la Morería, en el término municipal de Serra. Donde hoy se encuentra enclavado el Centro de la Fundació Scout Sant Jordi. Que se inauguró en 2009 tras una donación de la familia Palop y que con el esfuerzo voluntario de sus socios se ha convertido en un espacio de educación medioambiental donde se realizan actividades relacionadas con la naturaleza, y que hoy patrocina y apoya Caixa Popular dentro de su programa de Responsabilidad Social. Una naturaleza que lo envuelve todo. Y que no solo está abierto a los grupos de scouts, sino a toda clase de colectivos, entre ellos, colegios, júniors, clubes de bicicleta de montaña y particulares, subraya el presidente de la Fundació, Paco Celda.

Madre Naturaleza
Seguramente fue aquí donde nació mi amor por lo espontáneo. Por el derredor. Donde fui consciente de lo pequeña que es Valencia desde el Mirador de Rebalsadores. Una de las rutas más queridas entre los senderistas del Parque Natural. Donde descubrí que los manantiales afloran como vetas en la tierra. Y que se podían beber de ellas sin mediar grifo alguno, porque las fuentes de la juventud jamás fueron potables. Como las del Berro, el Poll, la Gota o el Marge. Rincones donde empecé a conocer a los árboles por su nombre. Pudiendo recolectar frutos de sus ramas, como las del madroño, que a finales de octubre se visten de dulces y rojas guirnaldas. Donde un amigo, en paz descanse, me confió que la vida hay que vivirla sin intermediarios, respirándola profundamente al aire libre: en el “campiri”.

Un campiri del que no somos dueños. Jamás lo hemos sido, porque estamos de paso. Y si no que se lo digan a todas aquellas antiguas civilizaciones que pasaron antes que nosotros, y que la Sierra Calderona acogió gratuitamente. Tenemos multitud de ejemplos encumbrados en las cimas. Como el yacimiento íbero del Puntal dels Llops, en Olocau. Un atalaya-fortín del siglo V a. C., que formaba parte de un sistema defensivo alrededor de su capital Edeta. La actual Llíria. Un asentamiento que tuvo por lo visto un final violento, incendiario, nos informa Guillermo Tortajada, guía del Puntal, una circunstancia que para los arqueólogos es una bendición porque se fueron con lo puesto, dejando muchos de los objetos de su vida cotidiana. Como la cajita de asta de ciervo que contenía la única inscripción íbera del yacimiento: Nauiba. Y que se cree que era el nombre de un guerrero del clan al que se confió la vigilancia de una atalaya provista de foso, torre, muralla ciclópea, y una calle central alrededor de la que se distribuían 17 habitaciones multifuncionales.

Tres Culturas
El horizonte que se abre desde el fortín íbero está compuesto por uno de los perfiles más sugerentes de la sierra. Bajo sus faldas pétreas, la villa de Olocau, apiñada a la orilla del barranco del Carraixet, que baja de las localidades vecinas de Marines Viejo y Gátova. Y vigilando todo el conjunto, el Castillo árabe del Real, visible desde el mismo Puntal, y que ofrece otro de los itinerarios más atractivos del Parque Natural. Una curiosidad: en los años 20 del pasado siglo, unos olacauinos encalaron un trozo de pared de la Peña Ali Maimó. En la actualidad se le llama la peca y es repintada cada cierto tiempo por una familia del pueblo. El motivo sigue siendo el mismo: localizar Olocau desde cualquier punto del Camp de Túria.

Un caserío que prosperó junto a la torre islámica de los Pardines del siglo XIII. Con la Reconquista los señores de Olocau levantaron una gran casa que los terremotos de 1787 destruyeron parcialmente. El noveno Conde de Olocau, Diego Manuel de Fenollet, la rehizo, añadiendo una almazara y unos establos. Y su esposa, Sinforosa Crespí de Valldaura, en 1805, amplía con una gran bodega. Ahora en proceso de restauración. Notables sus trulls o lagares de pisado de la uva e insólita la sala de barricas con sus cubiertas de bóveda de tabiquería o ladrillo plano, que el arquitecto valenciano Guastavino patentaría a finales del siglo XIX en Nueva York. Por otra parte, la Casa de la Señoría conserva una colección de objetos del Puntal dels Llops, destacando la jarra cerámica con la representación del guerrero Nauiba. Además se puede visitar la antigua cocina. Recomendable por una de las sorpresas que guarda: ¡colmenas domésticas!

Hostal Restaurante L’Arquet
Hablar de L’Arquet es hablar de su chef, Joan Bernand. Un hombre que conoce muy bien el terreno que pisa. No en vano su cocina tiene en las setas su gran apuesta. Buen conocedor de las mismas visita las sierras vecinas de la Calderona para traerse consigo los manjares micológicos que trufaran sus platos de sabor a campo y alta montaña. Sabor a Penyagolosa, a Sierra de Gúdar; a un Sistema Ibérico del que la Sierra Calderona es su último coletazo orográfico.

Su pastel de russula aurea, queso de romero y compota de manzana está delicioso; como su blini de morena con salsa tártara, brotes y carne de ciervo con vinagreta de soja. Ya que si la micología es su ecosistema natural; la carne de caza no le es ajena. Utilizando en su menú hasta tres carnes de cérvidos: corzo, ciervo y gamo. Sin olvidar el paté de hígado de jabalí y de conejo de monte con una base de compota de cítricos. Estamos ante una cocina sincera. A pecho descubierto. Es lo que hay. Porque aquí, en Olocau, antaño se comía del monte. Se vivía de él, porque estaba vivo. En la actualidad la Calderona no deja de ser un parque periurbano de la ciudad de Valencia. De ahí que tanto la recolección de setas como la caza sean casi actividades residuales. Pero no se olvidan los orígenes así como así. Como tampoco los olvida Joan.

Unos orígenes que redondean la comida en los postres. Como no podía ser de otra manera. Olocau atesora una de las mayores concentraciones de algarrobos centenarios de Europa. Hay un itinerario que visita los ejemplares más portentosos conocida como Ruta de Macollades. Joan utiliza harina de algarrobo para hacer unas natillas dulcemente sedosas al paladar. Al igual que vuelve a las setas para elaborar una tarta de chocolate y boletus edulis de rebañar el plato. Una minuta que el chef acompañó con un Cava Brut Reserva 2015 de Pago de Tharsys. Una elección top para un menú que en algunos momentos raya la genialidad. Y está aquí mismo.

Cervezas Artesanas Ophidian
Y el viajero no podía abandonar la Calderona sin hacer una visita a otro de los locos geniales que acoge esta sierra hospitalaria. Sin visitar a Robert Craig, primo hermano de actor británico Daniel Craig. Aunque ciertamente él no llegó hasta Náquera en misión secreta alguna. Más bien todo lo contrario. Porque su fábrica de cervezas artesanas está en la misma carretera que cruza el pueblo. Precedida por una terraza que es toda una invitación a hacer un alto en el camino para disfrutar del sabor, el aroma y la luz que transmiten unas recetas venidas desde Australia, pero elaboradas con el agua que aflora en la Sierra Calderona. Una combinación que conjuga por tanto los dos hemisferios. Convendría tenerlo en cuenta. Y para más inri, este maestro cervecero, tras sus premiadas cervezas Original Blue Serpent, Dark Ale, Pale Ale y Taipan Pilsner, se ha metido a maestro sidrero. Con su nueva creación Black Tree. Toda una declaración de intenciones. Llegó para quedarse, y ya no hay quien le detenga. Ni siquiera Spectre. Además, para esa empresa ya tiene a su primo.

Datos de interés
– Fundació Scouts Sant Jordi
Tlf. Contacto 96 315 32 43 www.fundacioscoutsanjordi.org

– Visitas Guiadas Gratuitas Puntal dels Llops. Oficina de Turismo de Olocau
Reserva previa Tlf. 672 794 404 mail puntal.llops@olocau.es www.olocau.es

– Hostal Restaurante L’Arquet
Menú diario 10€ y Menú Fin de Semana 23€. Tlfs. Reservas 962 73 98 14 / 665 5038 51 www.arquet.es

– Cervezas Artesanas Ophidian
En Calle Valencia, 27 Náquera. Tlf. 650 165 533 Venta al público y terraza degustación www.ophidianbrewing.com

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Artículos en imágenes

5 comentarios en A las Puertas del Cielo

Besheru el 31 octubre, 2018 a las 9:56 pm:

Gran reportaje, hecho de menos que se halla nombrado el pueblo al que pertenece tanto La Cartuja,como la mayoría de las fuentes nombradas SERRA

mmJaime Nicolau el 1 noviembre, 2018 a las 7:11 am:

Apuntado queda. Gracias!

Mangeles el 2 noviembre, 2018 a las 1:56 am:

Me parece muy fuerte hacer publicidad de Olocau con los parajes y monumentos de Serra. Poca profesionalidad.

mmJaime Nicolau el 2 noviembre, 2018 a las 12:43 pm:

No hacemos publicidad de nada porque el reportaje es gratuito. Quizás si fuera como dices tu crítica sería acertada. De todos modos vamos a intentar matizarlo. Nos entristece que te quedes con eso en lugar de con el enorme esfuerzo de poner en valor una zona de enorme belleza. Si no lo has leído íntegro te invitamos a hacerlo

Rubén López el 2 noviembre, 2018 a las 1:29 pm:

Hola Mangeles, ya hemos especificado el término municipal donde se encuentra la partida de la Morería, que es donde se centra la visita del viajero en el Parque Natural de la Sierra Calderona. Espero que ese “echar de menos” haya sido solventado. Me gustaría comentar también que amo la Sierra Calderona por encima de muchas cosas, porque siempre me ha acogido desinteresadamente. No encuentro cabida, pues a lo de ‘publicidad’. La naturaleza afortunadamente no tiene ningún prejuicio. Ya sé que Serra tiene muchos parajes y monumentos: su casco histórico, la fuente de la umbría, el castillo, el pi del salt. Por poner algunos ejemplos a vuela pluma. He hablado de todos ellos en otros reportajes. Pero este en concreto se centraba en una carretera: la comarcal cv-333 que más o menos faldea la cara sur de la Sierra Calderona. Mi error ha sido tal vez no especificar el término municipal donde se encuentra el valle de Lullén. El cual ya está subsanado. En cuanto a la comparación con Olocau y el juicio de poca profesionalidad me duele profundamente. Aunque siempre me quedará la Sierra Calderona para restañar las heridas. Porque la Calderona siempre me acoge como una madre.

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