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Déjate seducir por el mundo del vino

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Sugerentes bodegas en el fondo del mar

Mª Carmen González

Galeones hundidos cargados de oro y plata, viejas fragatas repletas de monedas y joyas, pecios romanos llenos de ánforas… El fondo del mar es un espacio sugerente en el que reposan durmientes miles de tesoros a la espera de ser descubiertos.

Pero más allá de los metales preciosos y las alhajas, las profundidades marinas esconden otros tesoros… Así, ocultas por la oscuridad del fondo del mar, durmientes en un punto al que no llega el sonido, mecidas por el movimiento de las olas y las corrientes marinas, se hallan, cual navíos naufragados, sugerentes bodegas submarinas; bodegas que al igual que nuestro galeón imaginario esconden un gran tesoro en su interior: botellas y más botellas en las que ‘maduran’ unos vinos muy especiales.

Del fondo del mar emergen vinos ‘diferentes’,  más redondos, suaves, y con matices únicos, de aromas más potentes y marcado tono mineral. La salinidad del entorno, la oscuridad, la presión, la temperatura constante, la ausencia de ruido o el movimiento armónico de las corrientes marinas confieren a estos vinos unas características únicas.

“La vida bajo el mar es mucho mejor que el mundo allá arriba”, le cantaba el cangrejo Sebastián a Ariel en La Sirenita de Disney. Quizás con los vinos ocurra lo mismo.  Mejores o no, lo cierto es que el fondo del mar otorga a estos vinos unos matices distintos y unas características muy particulares. Hay quien llega a decir que tres meses de crianza o atesoramiento bajo el mar equivale a varios años en botella.

Diversos hallazgos de vino almacenado en viejos barcos hundidos que mantenían y mejoraban su calidad tras su paso por el fondo del mar fueron el ‘detonante’ para que una serie de emprendedores quisieran comprobar si realmente el medio marino era bueno para sus bebidas, y se decidieran por instalar bodegas submarinas. Así, el ‘precursor’ de todas estas bodegas pudo ser, sin saberlo, Jacques Cousteau, el gran explorador e investigador marino de nuestra infancia. Cousteau y su equipo encontraron en los años 40 en las costas de Marsella numerosas ánforas romanas cargadas de vino que, tras probarlo y para su sorpresa, se conservaba en buen estado dos mil años después.

Pero no solo este descubrimiento animó a pioneros a investigar y sumergir sus vinos bajo el mar. Es conocido el hallazgo, hace unos años, de numerosas botellas de Veuve Clicquot de 1840 en el interior de un barco hundido en el Báltico. La calidad del champagne sorprendió de tal manera a los expertos de la maison, que la propia bodega introdujo en el Báltico una selección de sus mejores vinos para crear una colección especial submarina. También se pagaron  miles de dólares por algunas de las botellas encontradas bajo el mar.

Está claro que la magia envuelve a este tipo de bodegas. Y lo mejor de todo es que muchas de ellas ofrecen la posibilidad a los amantes del vino (y del buceo) de descender a las profundidades y, rodeados de peces, corales o esponjas marinas, recoger ellos mismos las botellas que posteriormente degustarán en la superficie.

Pero aquellos menos aventureros y/o que no dispongan de los correspondientes títulos necesarios para realizar estas inmersiones, también pueden disfrutar de una experiencia muy agradable, ya que las bodegas suelen realizar excursiones en barco hasta el punto del mar en el que se encuentran durmiendo los vinos, y al que desciende un submarinista que les subirá el vino marino que podrán saborear en la embarcación.

Hoy vamos a conocer tres bodegas submarinas. Empezaremos por el Mediterráneo, con la Bodega Vina Maris, continuaremos por el Cantábrico, donde Crusoe Treasure atesora vinos en las frescas aguas vizcaínas, y terminaremos en el Adriático para descubrir los vinos en ánfora de Edivo Vina. Pero hay más…

Vina Maris, Calpe (Alicante)

A unas dos millas de la costa de Calpe, a la sombra de los 332 metros de la imponente mole calcárea del peñón de Ifach, guía para navegantes desde la antigüedad, se encuentra la bodega submarina Vina Maris, los vinos del Mar.

Aproximadamente a 30 metros de profundidad, y rodeadas de especies como sargos y mojarras, esponjas y estrellas de mar, y ‘protegidas’ por una estatua a tamaño natural del dios Marte, se hallan las jaulas y los cofres donde reposan los vinos –un tinto y un blanco– de Vina Maris. Es un fondo arenoso, con una pequeña formación montañosa de aspecto muy parecido al emblemático peñón, lleno de vida.

Vina Maris introduce sus botellas, dotadas de un lacre sintético especial que evita que el corcho se hunda por efecto de la presión, en jaulas de acero marino no contaminante y resistente a la sal, que acaba formando un auténtico arrecife artificial en el que numerosas especies desarrollan su ciclo vital. Los vinos pasan en el fondo marino varios meses, en el que evolucionan de una manera diferente que en tierra y de un modo muy particular. Se trata, según destacan desde la bodega, de vinos más evolucionados, más redondos y con matices únicos.

Vina Maris Monastrell (tinto) es un monovarietal de esta variedad típicamente mediterránea, que tras 14 meses en barrica de roble francés tiene un período de afinamiento submarino. Vina Maris Chardonnay, por su parte, es un blanco que tras tres meses en depósito sobre lías termina su afinamiento en el mar, a 30 metros de profundidad. En función de las características de cada vino, las botellas pueden pasar, tres, seis, doce e incluso dieciocho meses en el fondo marino.

¿Qué les parece ‘pescar’ su propio vino? Conocer el bello fondo marino de Calpe y recoger las botellas que posteriormente degustarán… Vino Maris ofrece la posibilidad de bajar a las profundidades y de, tras abrir los cofres con las llaves que facilitan, coger las botellas que luego se podrán degustar en superficie. Una actividad dirigida exclusivamente a buzos certificados y guiada por profesionales; un original modo de hacerse con un vino mientras compartimos espacio con salpas, sargos, castañuelas o corales.

Para los menos aventureros Vina Maris ha dispuesto otra bonita experiencia. Una excursión en barco hasta el punto en el que se encuentran las bodegas submarinas. Una vez fondeados, los buzos de la bodega se sumergen para recoger su particular tesoro, las botellas que devuelven a la superficie para que los clientes puedan consumirlas a bordo junto a un aperitivo o comida. Si esta particular visita se realiza con la puesta de sol la experiencia es completa.

Crusoe Treasure, Plentzia (Vizcaya)

Imagen: Turismo de Bizkaia-Vizcaya

Imagen: Turismo de Bizkaia-Vizcaya

En la bella bahía de Plentzia, sumergido a 20 metros de profundidad y resistiendo al demencial movimiento del Cantábrico, se encuentra el tesoro de Crusoe. Un tesoro formado por miles de botellas de vino tinto -unas 10.000 al año- y de barricas de la bodega Crusoe Treasure, una de las pioneras, si no la pionera, en la crianza o atesoramiento de vino bajo el mar.

Crusoe Treasure inició su investigación en octubre de 2009, sumergiendo vino y otras bebidas de 27 bodegas diferentes, pertenecientes a 14 Denominaciones de Origen españolas, bajo el mar. Durante dos años, enólogos de la bodega y las DO fueron probando estos productos cada tres meses, y comprobaron una evolución muy positiva, y dieron a estos vinos y bebidas una valoración superior a la de sus hermanos terrestres.

En la actualidad, Crusoe Treasure atesora bajo el mar dos vinos, Crusoe Treasure Classic y Crusoe Treasure Passion. El primero de ellos es un tinto vivo y muy fresco elaborado con tempranillo, mazuelo y graciano, que ha pasado un año de crianza en roble y otro de atesoramiento submarino. El Passion, por su parte, de tinta del país, ha pasado seis meses en roble y un año bajo del mar. De este vino se ha preparado una edición especial con dos años de atesoramiento submarino que ha proporcionado al vino una sedosidad únida.

Pero esta bodega no es solo el ‘dormitorio’ de botellas y barricas de vino. La instalación se ha convertido en todo un arrecife artificial en el que viven más de 1500 especies marinas, desde quisquillas a tapaconas pasando por fanecas o bellotas de mar. Crusoe Treasure destina el 10% de sus beneficios a estudiar el mar. De hecho, la bodega se ha convertido en un laboratorio para censar especies y monitorizar los efectos del cambio climático.

La bodega vizcaína también permite disfrutar de experiencias muy especiales a los amantes del vino. Así, ofrece excursiones en barco hasta el lugar en el que se encuentran los vinos y permite ver el fondo en el que se encuentran las botellas a través de cámaras submarinas mientras se degusta un Crusoe Treasure junto a ricos pintxos vascos.

También ofrecen la posibilidad a buceadores de sumergirse junto a un guía y conocer de primera mano el lugar donde duermen las botellas y que se ha convertido en el hogar de numerosas especies. Un paseo entre medusas luminiscentes, estrellas de mar, escorpinas o esponjas marinas, en el que poder rescatar una parte del tesoro de Crusoe y degustarlo a bordo.

Edivo Vina,  península de Pelješac (Croacia)

En la hermosa península croata de Pelješac, a una hora aproximadamente de Dubrovnik, se encuentra Edivo Vina. Los responsables de esta bodega decidieron hace unos años, después de recibir como regalo una botella de vino decorada con restos de una vieja ánfora, sumergir vinos en las aguas del Adriático. Un mar, precisamente, de cuyo fondo se han recuperado centenares de ánforas de vino griegas, amphorae vinarie.

Esta bodega croata coloca botellas de vidrio en el interior de ánforas de arcilla y las sella con un buen corcho y dos capas de cera. Posteriormente las sumergen en el fondo del mar con el corcho hacia abajo, agrupadas en jaulas protegidas, a una profundidad de entre 18 y 25 metros. Los vinos Navis Mysterium pasan en el mar entre 1,5 y 2 años. Pasado este tiempo, las ánforas son recuperadas y salen al exterior ‘decoradas’ con restos de algas y corales preparadas para que el vino pueda ser degustado.

Evino Vina guarda otro secreto en el fondo del mar: los restos de un barco hundido, cerca del pueblo de Žuljana, en el que también reposan ánforas de Navis Mysterium. La empresa organiza visitas guiadas para bucedores, bajo la supervisión de un instructor, para disfrutar de los espectaculares paisajes submarinos y conocer de cerca y de primera mano, la bodega de la que salen estos misteriosos tintos.

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