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Un castillo entre viñedos

Imagen: Dominik Ketz

Mª Carmen González

Majestuoso, sobre la cima de una colina con forma de cono y tapizada de viñas, y dominando la vista sobre el río Mosela, se alza el castillo de Reichsburg, en Cochem (Alemania). Una fortaleza construida sobre el año 1000 que, tras pasar cientos de vicisitudes, fue reconstruida en el siglo XIX y desde la que se tienen impresionantes vistas sobre el río, la ciudad, y los viñedos de los que salen algunos de los mejores vinos blancos del mundo.

Cochem es una bella ciudad situada no lejos de la frontera francesa y luxemburguesa, de calles empedradas y casas con entramado de madera, tejados de pizarra a dos aguas y flores en los balcones. Ambiente medieval en el que no podía faltar… un castillo.

Imagen: Francesco Caravillano.

Un castillo muy especial, rodeado de viñedos, que se alza imponente a más de cien metros de altura sobre el río Mosela. Chapiteles, torres y almenas de formas caprichosas que nos transportan directamente a los cuentos o algo más prosaico pero también unido a nuestra infancia como son las cajas de Exin Castilllos.

El castillo de Reichsburg fue construido alrededor del año 1000 por el conde palatino Ezzo. Numerosos dueños pasaron por esta fortaleza hasta que fue ocupada y posteriormente destruida -literalmente volada- por las tropas del rey francés Luis XIV, el Rey Sol, durante la guerra de Sucesión del Palatinado, en 1689.

Imagen: Heinz Peirl.

Imagen: Heinz Peirl.

Durante 200 años el antaño imponente castillo permaneció en ruinas. Fue en 1868 cuando un hombre de negocios de Berlín, Luis Ravené, se enamoró de las evocadoras ruinas y comenzó a reconstruir el castillo, usando para ello los pocos restos que quedaban del antiguo edificio gótico y empleando formas neogóticas, como arcos apuntados y bellas agujas, para rehacer la estructura.

Un capricho de Ravené, que utilizó el castillo como residencia de verano y que vistió su interior con muebles barrocos y renacentistas que pueden verse aún hoy día. Desde 1978 el castillo es propiedad de la ciudad de Cochem y una de las principales atracciones turísticas de la zona.

Visitar el castillo nos hace trasladarnos, inevitablemente, a la Edad Media, con sus torres puntiagudas o circulares, sus arcos apuntados, sus ventanas con cristales de colores, o la hiedra que ocupa algunas de sus paredes y que se alza hacia el cielo cual trenza de princesa en busca de caballero. En su interior, techos pintados, chimeneas, paredes de madera, trofeos de caza y grandes lámparas, y, por supuesto, armaduras.

El viaje al pasado es completo si presenciamos el vuelo de los halcones y la labor de los cetreros, y si participamos de un auténtico banquete medieval. Sí, con sirvientes y doncellas vestidos de época, y la música de los juglares, es posible dar cuenta de unas cuantas viandas. Aquí, comer con las manos no está mal visto.

Las vistas desde el castillo son impresionantes. Destacan la de las verdes pendientes de viñedos, situadas a ambos lados del río, donde sobresalen las plantaciones de riesling. Un buen lugar para disfrutar de este espectáculo natural es la terraza de la taberna del castillo, que hace que la experiencia sea completa al añadir alguna especialidad gastronómica de la zona y los vinos del Mosela.

¡Salud!

Imagen: Francesco Carovillano.

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