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Déjate seducir por el mundo del vino

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Donde la tierra enhebra el sol

Un señor castillo. Una cueva sagrada. Un marcador equinoccial puro. Y una aldea que hace honor a su nombre: Villa Paz. Recorremos las orillas de los ríos tributarios del Cabriel: Ojos de Moya y Mira

Texto: Rubén López Morán Foto: Fernando Murad Vídeo: Vincent Loop / Fernando Murad
Las fechas son importantes por razones obvias. El día que viniste al mundo. El día que conociste el amor de tu vida. El aniversario de Bodas, ¿no? La fecha de nacimiento de los hijos. Sin olvidar las que se tiñen de luto. Esto relativo a la biografía particular. Luego hay otras fechas de carácter multitudinario. Las que jalonan el subconsciente colectivo. El año de fundación de una villa; la aparición de una virgen o el abandono de un pueblo. Sin embargo hay otras fechas que se mueven en otra dimensión. Porque no pertenecen del todo a este mundo. Al terrenal. Al mundano. Fechas que se rigen por un reloj distinto. Eterno e infinito. Una de esas fechas es la que apunta el viajero en su bloc a la orilla del río Ojos de Moya: 23 de septiembre. Una fecha que tiene el poder de revelarse. Cómo. Dónde. Dejemos que sea la corriente del río la que nos ayude a dar con las respuestas. Unas respuestas que, según el guía, RÉGULO Algarra, les cambiará la vida no sólo al viajero y a su compañero gráfico, sino también al grupo de personas que ha reunido para presenciar la efeméride que metafóricamente titula esta segunda entrega por tierras del Cabriel: el marcador equinoccial de Tejeda la Vieja.

 

La efeméride astronómica
Como periodista el viajero responderá a renglón seguido a las preguntas clásicas del hecho noticioso: qué, cómo, dónde, cuándo y por qué. Pero antes de responder quiere hablarles de Régulo. Nacido en Landete (Cuenca) hace 70 años. Que fue maquinista naval durante más de treinta años. Un hombre que responde al modelo del self made man, el hombre hecho a sí mismo. Y que una vez desembarcó permanente en su tierra natal, comenzó a surcarla en la misión personal de conocer, apreciar y difundir. Al fin y al cabo, de hacerle memoria. Una singladura por otra parte salpicada de peligros porque es un mar proceloso. Ahíto de pasado, porque en este no arraigan estelas, como en el mar inmortal, sino las raíces de las personas. Quizá sea esta la razón de que uno esté lleno de poesía, y el otro, de tiempo. En definitiva, de fechas mundanas y corrientes. Excepto la que nos ha traído hasta aquí.

El día 23 de septiembre (y el 21 de marzo también) bajo la media luz de la tarde se produce en el paraje conocido como Tejeda la Vieja un fenómeno solar espectacular. Justo enfrente de la Cueva del Risco, en los Equinoccios (época en que, por hallarse el sol sobre el ecuador, la duración del día y de la noche es la misma en toda la Tierra), un orificio natural situado en la pared de la otra orilla del río es capaz de enhebrar un rayo de sol, de hacerlo pasar por un ojal de piedra, provocando un resplandor que se derrama en el valle como una estrella. Una revelación que llevó a los primeros pobladores de estas tierras a conceder a este lugar un carácter sagrado. Un lugar de culto de la Diosa Tierra junto a la Cueva del Risco. Un abrigo que tiene su aquel, porque debido a su excepcional orientación hacia poniente, a mediados de agosto (y a finales de abril también) un rayo de sol incide en una oquedad de su interior que asemeja a una hornacina donde muy probablemente, según la hipótesis de Régulo, aquellos hombres de la España Prerromana acabarían colocando a la deidad.

Cueva del Risco (vs) Cueva de la Virgen
No es una casualidad por tanto que un 14 de agosto de 1205 se le apareciera la Virgen a Juan el Pastor a los pies de la cueva de autos. Bajo la sombra de un tejo. Que esta se utilizara por los primeros devotos como oratorio. Y que los monjes levantasen una iglesia primitiva a la boca de la misma. Un fervor que llevó a la Orden Trinitaria a construir un templo nuevo (1472) con la misma orientación para que cada 14 de agosto el sol iluminara la imagen que allí se depositó, revitalizando así el milagro y su poder sobre las almas sencillas. ¿Entonces por qué existe una Cueva de la Virgen a escasos 300 metros de ésta? A Régulo se le llevan los demonios. El cristianismo es una religión revelada. De ahí que hubiera que borrar todo vestigio pagano del culto. Por esa razón los religiosos cambiaron el lugar de aparición de la Virgen, sostiene vehemente ante la incredulidad del viajero. La titular de la Virgen de Tejeda se visita en el Monasterio de Garaballa. Un templo de espinazo gótico y piel barroca de 1582 (s. XVI).

Un señor castillo
Al castillo de Moya será trasladada la Virgen, la perla del Marquesado, en septiembre del 2018. Durante la celebración de la fiesta del Septenario. Una romería que cada 7 años rememora la primera peregrinación, de 1639, que tuvo su origen en una gran sequía que asoló a toda la región, sin distinciones de localidad, según reza un documento informativo del portal turismo Comunidad Castilla-La Mancha. Al igual que hay fechas que condicionan el calendario; hay hitos que condicionan el paisaje. Y el castillo de Moya es uno de ellos. Hacia él confluyen las miradas que recorren la comarca de la Serranía Baja. Un perfil que se recorta en el horizonte como una boca desdentada. Una fortaleza que fue llamada “llave de Reinos” dadas su fábrica y localización entre los de Castilla y Valencia. Que llegó a albergar tras sus murallas 7 iglesias y un convento. No pasen de largo. Asciendan y crucen las puertas que levantaron la Orden de Santiago, admiren la portada gótica de la Iglesia de Santa María (S.XIII), dominen el llano desde su atalaya, y quédense al amparo de unas vetustas piedras que les remitirán infantilmente a Exin Castillos, con sus torres semicilíndricas, su puente levadizo, su barbacana, sus saeteras y arquillos ciegos. Y una vez inmersos en la época medieval, regresen a la España contemporánea, que no la actual, por la Cañada Real que conduce al pueblo de Mira.

Camino de Mira
Notarán que se deslizan sobre la Cañada Real porque a ambos lados de la carretera Landete-Mira (CM-2200) corre una hilera de mojones que marcaba su anchura. Incluso adviertan en sus márgenes un rebaño de ovejas. Y distingan entre sus nubecillas móviles la hierática figura de un pastor junto a su fiel escudero. No es seguro que los vean. Pero tal vez. El viajero se detiene en el Bar Yago (Mira). Y pregunta a la parroquia por las señas de Villa Paz. No se extrañan los propios porque no es el primero ni será el último urbanita que pregunta por la aldea abandonada. Una aldea atravesada por el río Mira y que se encuentra casi debajo de los arcos de uno de los puentes-viaducto más espectaculares de la línea de ferrocarril Valencia–Cuenca. Hacia allí se dirige. Bajando al valle de Hoya Hermoso recayendo prácticamente hasta el mismo cauce. Estaciona el vehículo en un campo de viñas ante la imposibilidad de continuar. Le corta el paso una roca de enormes dimensiones desprendida de una de las laderas del valle. Cargan las cámaras, el trípode, las mochilas, y lo más importante: una bolsa que contiene un bollo de Requena y un by Rosalía ALTOLANDÓN 100% garnacha.

La belleza de la desolación
El río se camufla bajo una espesa vegetación de un verde exuberante. Escoltado por un ejército de chopos pasando revista. Tras una breve caminata el corredor verde se encañona. Te internas en las Hoces del río Mira. Y de repente, tras un recodo, un puente que fuga hacia el cielo. Y una vez atraviesas el arco que apoya sus pilares sobre el camino entras en Villa Paz. El viajero podría hacer un ejercicio literario y describir lo que se despliega ante sus ojos bajo un prisma metafórico. Y regodearse estéticamente de cómo la naturaleza ha anegado bajo un mar de zarzas las casas carcomidas por el abandono y el olvido. Podría seguir. Pero no serán sus palabras las que pongan el colofón. Serán otras. Más honestas y veraces. Serán las de Paco Cerdà: “El silencio nos recibe. La desolación nos rodea. La belleza de la despoblación se despliega con toda su fuerza. Parece una contradicción, una paradoja. Pero es una innegable sensación de placer estético y sentimental que, a un tiempo, inocula el sentido de culpa a quien la experimenta. Nadie debería gozar de la catástrofe etnológica, de la muerte de un pueblo y de su reducción a evocadoras ruinas”. Un párrafo extraído del libro Los últimos. Voces de la Laponia española, uno de esos libros que, como dijo el también escritor Julio Llamazares, <<a uno le gustaría haber escrito (…) Los últimos es un viaje al corazón de las tinieblas, sólo que a las tinieblas del corazón de España>>.

Nadie debería gozar ciertamente de un resultado que no es más que una guerra perdida. De nuevo el viajero toma prestadas palabras de Cerdà. Sin embargo, el viajero no puede sustraerse de la paz que transmiten el centellear de las hojas y la charla plácida de la corriente del río; un escenario que invita a quitarse los zapatos e introducir los pies desnudos en el agua. En sentarse a su orilla y abrir una botella de vino. Y hablar de lo humano y lo divino con tu compañero de viaje. O con esa que siempre va contigo, y que responde al nombre de pila Soledad. ¡Salud compañero! ¡Salud compañera!

ITINERARIO por carretera (desde Salvacañete)
Tomad la carretera comarcal CUV-5003 en dirección a El Cubillo, Algarra, Casas de Garcimolina, Santo Domingo de Moya, Moya, Huertos de Moya y Landete. En Landete continuar camino de Cuenca y Cañete por la CM-215 hasta la desviación Garaballa-Mira (CM-2200). Antes de llegar a la población de Mira incorporarse a la CM-2109 dirección a Villora, Carboneras y Cuenca. Una vez superado un San Cristóbal en el margen izquierdo a medio kilómetro aproximadamente tomad una carreterita asfaltada que al poco se convierte en una pista de tierra. Pasaremos por un punto limpio o Ecoparque, y descenderemos paulatinamente hasta el lecho del río Mira.

 

DATOS Y ENLACES DE INTERÉS

Turismo Castilla-La Mancha Fiestas/ Septenario www.turismocastillalamancha.es Opción de descargarse un Cuaderno de Viaje.

ALTOLANDON Bodegas y Viñedos Visitas a Bodega contacto: visitas@altolandon.com www.altolandon.com

Ayuntamiento de Mira www.mira.es

Casa Rural Tierras de Moya Huertos de Moya. 3 espigas www.tierrasdemoya.com

Casa Rural Señorío de Moya Huertos de Moya 1 espiga www.señoriodemoya.es

Hotel-Restaurante Moya Landete www.hotelmoyalandete.com (de menú, 10€ y carta) Recomendado por el viajero.

Hotel-Restaurante Monasterio de Tejeda Garaballa www.hospederiadetejeda.com

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5 comentarios en Donde la tierra enhebra el sol

aprendiz de poeta el 7 octubre, 2017 a las 8:37 pm:

Aunque aquel día las nubes nos ocultaron el sol, tuve la suerte de estar allí con Régulo. Leer ahora estas bellas palabras me han vuelto a aquellos parajes inigualables
y me empujan a aprovechar los años que me quedan recorriendo esos caminos de la ahora pobre tierra conquense,tan rica de historias y recuerdos.
Gracias, viajero.

cronista el 8 octubre, 2017 a las 7:56 am:

Extraordinario trabajo y descripción de la zona de los afluentes del Cabriel rio Ojos de Moya y Río Mira.Mi más cordial Enhorabuena.

Chus el 8 octubre, 2017 a las 10:15 am:

Que recuerdos tan simpáticos, emotivos y llenos de contenido, Regulo, que estoy deseando volver por allá en fechas equinoccial es, sobre todo, sin desmerecer romerías, por supuesto, pero es que siempre que contactado conmigo misma, o sea, con algo más allá del velo estoposo de la realidad televisiva, a sido a buen resguardo de multitudes y sonados eventos, más bien en solitario estado o con muy bien escogida compañía, cual es tu caso. Así que gracias y… Que se repita!!! Abrazotes sin tasa ni medida.

Niceto el 8 octubre, 2017 a las 5:00 pm:

Te felicito, Ruben, excelente dicción.

Muy buen reportaje.

Felisa. MARTINEZ el 9 octubre, 2017 a las 1:33 am:

Me ha parecido maravilloso el título tanto q ha hecho q lo terminará de leer hasta el final.yo q tb tuve la oportunidad de recorrer ese paraje natural con Regulo Agarra y es realmente un lugar y una visita excepcional, pero su descripción es bellísima de esa tierra

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