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Déjate seducir por el mundo del vino

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Historias de comer y jugar

David Blay Tapia

Dicen que los deportistas sólo comen pasta y pescado, pero en realidad en los menús que eligen fuera de su dieta habitual es donde se forja su carácter, se realizan alianzas y se celebran sus logros. No hay deporte sin gastronomía. Y aquí descubriremos sus pequeños historias... y sus pequeños pecados culinarios.

Maratonianos que no comían hidratos y el keniano que no comía langosta

Hace 34 años que Valencia albergó el primer Maratón de su historia como ciudad. No existían entonces los conceptos como runners, pronador o supinador. Y nadie vestía mallas de colores ni corría con el Runkeeper dándole datos de GPS a través de su iPhone.

¿Qué se come en un barco de 10 millones de euros?

La Copa América y lo que se ‘comía’ alrededor de ella, porque no era obviamente el menú de los rematistas, es un claro ejemplo de la Valencia de lo excesos y el todo vale.

De la tapa… a la Copa

Hubo una generación ligada al baloncesto en Valencia que se alimentaba de sueños en un bar del extrarradio. Un lugar familiar, donde no existían las dietas de macarrones y pechuga que hoy siguen a rajatabla los deportistas de élite.

Cuando los futbolistas comían calamares

Si Mario Alberto Kempes jugara hoy en el Valencia sería impensable verle salir del entrenamiento, acudir al bar El Bolinchito y tomarse en la barra una clara de limón y unas anchoas mientras habla de fútbol tranquilamente con el resto de comensales.