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Vicente Flors: “La fuerza de mis vinos es la edad de mis cepas”

9 mayo, 2018

Jaime Nicolau / Fotos: Fernando Murad

Hay veces en las que un periodista cae rendido al personaje antes incluso de empezar una entrevista. Hoy es uno de esos días. Hemos quedado con Vicente Flors, bodeguero y enólogo castellonense que decidió adentrarse en esta aventura del vino cuando lo prejubilaron en el sector de la banca, poniéndose al frente de los viñedos, casi centenarios, y la bodega, de la misma edad, de su familia. Es su cumpleaños, pero el regalo nos lo hace él, compartiendo una larga hora con nosotros.

5barricas.- ¿Cómo llega Vicente Flors al mundo del vino?

Vicente Flors.- Mi familia por parte de mi madre, que es de Les Useres, tenía una pequeña bodega en esa localidad. Mi abuelo decide un día llevar a la familia a Almazora, y montar allí un despacho de vino justo en la población que quedaba en el centro de  tres poblaciones más grandes: Castellón, Burriana y Vila-Real. En ese “cruce” nací yo pero afortunadamente, yo pude estudiar. La afición al vino la tenía. El vino de 500 pesetas me gustaba, pero el de 800 me gustaba más. Esa curiosidad me movió a hacer un curso de iniciación a la cata allá por el 2000. Allí, después de varios vinos, dije que en pocos años haría vino. Tenía el viñedo y la bodega y nos pusimos a ello. Rehabilitamos como pudimos una parte de la bodega centenaria y ahí me enamoré de la magia del vino.

5b.- ¿Ahí empezó todo?

V. F.- Ahí me di cuenta de que debía formarme. Hasta ese momento viajaba mucho a zonas productoras pero a bodegas de las consideradas grandes. Ahí algo cambió porque empecé a visitar bodegas por debajo de 100.000 botellas y con algún vino por encima de 50 euros. Quería conocer esa parte de calidad. Ahí empiezo a ver las cosas de manera diferente, mirando mucho al campo y mucho a la elaboración técnica. Pero todo esto como aficionado todavía. El momento decisivo vino después.

5b.- ¿Explícanos ese momento?

V.F.- Pues en 2006 me prejubilaron de la banca en navidades y en 2007 fue el primer año que hice vino. No tenía idea de enología y contraté un enólogo y allí empecé. Ese enólogo hacía el vino que yo no quería hacer, no por volumen sino por la manera de hacerlo. Yo quería hacer un vino más artesanal, que hablase más de la tierra, más vinculado al terruño. Me decía que me callase que no tenía ni idea. Y era verdad. Así que me apunté a un Master y de ahí a la Escuela de Viticultura de Requena de cabeza.

5b.- ¿Serías el más joven de tu promoción?

V.F.- Tenía 58 años y hasta los profesores me hablaban de usted (sonríe). Allí tuve la suerte de tener muy buenos compañeros, entre ellos César, sobrino de Raúl Pérez, con el que todavía mantengo una enorme relación y que actualmente trabaja con su tío, además de sus proyectos personales. El Bierzo es lo que tiene, son muchos minifundios en muy pocos kilómetros. Así empecé a visitar El Bierzo y me enamoré de la zona. Son vinos muy auténticos, elaboraciones complejas y arriesgadas pero con los conocimientos todo se consigue. Vinos de terruño y muy frescos. Ese es el objetivo que allí me marqué.

5b.- ¿Qué tiene Les Useres de diferente?

V.F.- La tierra. La tierra. La tierra y la tradición. La fuerza de mis vinos es la edad de las cepas. Yo transformo la uva en vino pero la que trabaja de verdad es la cepa. Todas entre 70 y 90 años y de poca producción. Son joyas.

5b.- ¿Y las variedades?

V.F.- Mis viñas viejas son de tempranillo, monastrell y macabeo (macabeu). Esas son mis joyas. Allí por 2001 añadí el Cabernet Sauvignon en una zona que tenía garnacha blanca. Ahora no lo haría. Me gustaría injertarlo de garnacha y garnacha blanca. En Les Useres había muy buena garnacha. Cuando te atreves con las variedades no mediáticas ves que, haciéndolo bien, puedes hacer grandes cosas. Todo eso lo he aprendido en El Bierzo. Al margen de la Mencía, hay muchas más.

5b.- ¿Eres un reflejo de la filosofía de El Bierzo?

V.F.- Modestamente no, porque ellos son mucho más inquietos que yo, se mueven mucho por el mundo. Pero en la filosofía sí, de basarse en la materia prima. 

5b.- ¿Y empiezan a llegar los vinos de Vicente Flors?

V.F.- Empecé con Clotàs 2007 de viñas viejas sólo tempranillo. Me vine a Valencia con una caja bajo el brazo, vendí 600 botellas. Fue un espaldarazo importante. Era ya 2009, cuando la crisis tenía que durar 6 meses (ríe). Vi lo duro que es la calle y parte de Clotàs lo destiné a Flor de Clotàs. Más fresco y con Cabernet Sauvignon ya. El monastrell tardó un poco más. Aprendí que era una uva que el color no se estabiliza y se le añaden unos pigmentos que se extraen de la uva blanca. Ahí me di cuenta que mi abuelo era muy listo porque intercalaba cepas blancas entre las de monastrell. 2010 fue mi primera añada de monastrell. No era el de Alicante, era más parecido al francés. Tenía un aire muy fresco. Fuera complejos y así lo saqué. Era diferente y lo sigue siendo. Así llegamos al Clotàs Garnacha y de nuevo la acogida fue fantástica. Flor de Taronger lo pedía el guión. Un vino blanco joven que añadimos al porfolio.

5b.- ¿Cuántas hectáreas manejas en el proyecto?

V.F.- Actualmente tengo 4,5 hectáreas en propiedad. Otras 4 en alquiler con opción de compra y otras 6 en alquiler. Unas 14,5 y 18 parcelas en total. Viña que veo que me quita el sueño, viña que voy a por ellas. Y las controlo íntegramente.

5b.- ¿Qué le falta a Castellón para ponerse en el mapa vinícola?

V.F.- La Denominación de Origen. Estamos en ello trabajando con la IGP. En un par de años creo que estará. Si no eres DO, hoy no eres nadie, basta con ver la carta de los restaurantes.

5b.- ¿El modelo minifundio lo llevas también a la parte comercial con Laboratori Carme?

V.F.- A un pequeñito sólo lo entiende y lo defiende como toca otro pequeñito. Nosotros somos todo corazón y Noema es todo corazón. Es la suma de esfuerzos. Si hablamos de terruños y pequeñas parcelas, creo que todo debe ser del mismo nivel. (Asiente y sonríe emocionada junto a él Noema Ortí).

Noema Ortí.- Vicente en sí es muy querido. Así que sumar su producto a su persona es una fórmula ganadora.

Y así es Vicente Flors. Bodeguero, enólogo y viticultor de enorme corazón y con una filosofía muy clara y un producto que la respalda.

 

 

 

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